Cuando el río Tucutunemo fluía en la parroquia Las Mercedes, aquí, en mi querido pueblo Villa de Cura, aquella época tan noble y sencilla la gente, época de pulperías. Los campesinos venían más arriba, de allá de los Valles del Tucutunemo, a vender lo cosechado producido con tanto esfuerzo. Trajinaban por caminos polvorientos, en carretas o muchas veces a pie.
Cierto día, dos señores ellos campechanos, llegaron a la orilla del río para lavar sus panes de queso que traían, en una mochila, a vender. Uno de la quesos se escabulló y se echó a correr rapidito corriente abajo pasando justamente por el frente de mi tío Rafael quien se estaba bañando con ropa y todo porque era verano y se estaba refrescando.
Cual fue su sorpresa. No estaba lloviendo quesito del cielo sino que rápido pensó:
Y se fue corriendo río arriba por la orilla con el pancito de queso en la mano para entregárselo al dueño.
-" Gracias, muchacho, y tente este "medio" (moneda de 0,25) para que te compres un pedazo de mecate y te ahorques por honra'o"
¡Dios! ¡Qué malvado! No agradeció el gesto. El diablo siempre metiendo el rabo.
Yo, si me lo hubiera encontrado, me voy corriendo a casita porque yo soy como el ratoncito: me encanta el queso quesito, y caído del cielo...más ¡Qué cosas! ¿No?