Hay noches que despierto con tu presencia etérea deambulas por caminos no caminados, robas a los pájaros sus trinos que despiertan mis alas, una lágrima peregrina hace surcos en tu pupila, cae moribunda en mis mejillas como besos dormidos.
Un espejo muere oxidado escondido en la penumbra, viejo péndulo ya perdió el compás del tiempo, perezosas están las horas que mueren de sed, solo las estrellas derraman el misterio de la vida, vida y muerte, son hermanas en el mismo camino.
El corazón tiene huellas que añoran la fragancia de tu ser, háblame con tu silencio de aljibe, viajera incansable, silencio que camina por los rincones violetas de mi alma, nostalgia adormecida en cada suspiro de la noche.
Recuerdo incansable ven a mí, tan solo me basta, tu presencia de espuma.