Eres un dulce veneno al
que mi cuerpo no se
resiste.
Te consumo cuando te
escucho, me quemas
cuando me miras...
paralizas mi sentir,
intoxicas mis entrañas,
me infectas donde
tocas.
Dueles como toxina
en una arteria, cuando
te ausentas a los
placeres de mis
sentidos.
Tu veneno me hace
sudar, me pone a vibrar,
me seduce al apoderarse
de mi ser,
más allá de apropiarse
de algo vital, como una
droga, eres la ponzoña
que mata mi filofobia.
Si amarte fuera como
Ingerir veneno, ya
habría muerto por
sobredosis.