Partiré un día en mi último viaje
no llevaré abrigo ni equipaje.
Mis cenizas, que deseo,
dispersadas en la sierra
se unirán con un ajuar de flores secas.
Las raíces de un pino
serán mi amante
y el follaje del bosque mi cobijo.
Me fundiré en el cosmos
en unión etérea
seré fuerza de aire
energía de sol
y humedad que alimenta la semilla
enterrada en la tierra.
«¡Oh! Muerte... ¡Amiga mía!»
Me librarás de mis penas.
Eres buena y cruel de igual manera,
pues al librarme a mí dejarás encadenado
al que creo me amó
y a la que de vez en cuando
entregado en sus brazos
irremediablemente, yo,
he amado.