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Impregno tu piel con mis labios
llenándola de atavíos;
esos que sólo se materializan
a través de tus ojos negros.
Comparto contigo el peso
de la carga retenida en mi cuerpo;
bailando por adentro de tu ser,
a ese ritmo cardíaco que tocamos en unísono.
Cansado de tantas tribulaciones
descargo mi ira en la forma más plácida,
manteniéndome firme
a pesar del vértigo que provocas en mí.
Después de eso y algo más,
te me escapas de la vista a través de las paredes
y en un corto parpadeo
ni siquiera queda una viruta de ti.