Déjame ser la sonrisa
que aflora en tus labios,
las tibias caricias que se esconden
en las palmas de tus manos,
para vivir en tu boca,
y transitar en tus dedos.
Déjame ser ese pensamiento,
que se pasea insistente en tu cabeza,
la palabra que navega en silencio
por los laberintos de tu lengua.
Déjame ser lo que no fui,
en esa coraza de hielo,
a la que llamas corazón,
para saber lo que se siente
habitar lo inhabitable.