Dejé de intentar encajar en un molde que no era el mío.
Con la ropa que a otros les gustaba, la risa medida, las opiniones tibias, los gustos prestados.
Con agachar la cabeza para que no me señalaran.
Con apagar lo que me hacía única para no molestar.
Me vendieron que la felicidad era ser aceptada.
Pero nadie me dijo que para eso había que dejar partes de mí en el camino.
Ahora uso lo que me nace.
Digo lo que pienso aunque tiemble.
Me río fuerte, lloro sin permiso, me apasiono sin filtro.
Y si a alguien le molesta mi forma de ser…
que no me mire.
Yo solo soy una mujer que se cansó de pedir disculpas por existir como es.