Relato: Aquel lugar horrible...

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9y

Me encuentro descendiendo lentamente a través de unas escaleras sucias y sombrías, a medida que voy bajando la oscuridad va menguando, me doy cuenta de que hay otros como yo que van descendiendo, sus caras transmiten cierto desdén, un poco de apuro y algo de nerviosismo. Yo por mi parte solo siento asco y sé que no tengo forma alguna de evitar esa sensación.

Finalmente atravieso una puerta pequeña, veo muchas personas corriendo de un lugar a otro, el caos parece inminente, vuelvo a bajar otras escaleras, esta vez más de prisa, giro a la izquierda, me detengo, frente a mi hay un sendero oscuro que se extiende de izquierda a derecha en forma de túnel, el calor va en aumento, el sudor moja mi rostro y mis ropajes, de repente noto que estoy rodeado de otras criaturas, me acorralan, me empujan, hacen que la noción de espacio personal sea solo una utopía. Una voz grita desde lo alto, que cuando llegue la enorme serpiente metálica debemos arrojarnos a ella con precaución de no tocar a las criaturas violentas que saldrán de ella.


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Luego de unos interminables minutos llega la serpiente recorriendo el sendero oscuro que yace frente a mí, se detiene, se abre y comienzan a salir de manera súbita y violenta miles de seres horribles, la temperatura me recuerda a un horno gigante, todo es golpes, insultos y gritos, el caos se apodera del ambiente, lucho por no dejarme llevar por la corriente, veo como algunos van cayendo y son pisoteados como las hojas que caen de un árbol, cedo a mi impulso animal y avanzo de forma ruda hacia el interior de la serpiente, finalmente logro meterme en ella junto con un montón de seres.

Voy literalmente comprimido dentro de la serpiente, rodeado de otros seres que solo me inspiran repulsión y no por lo que son, sino por lo imposible que me es separarme de ellos. La serpiente comienza su recorrido, miles de pensamiento se acumulan en mi mente, trato de mantener la calma y buscar con la mirada algo que apacigüe mi enojo que va en aumento. Veo un rostro hermoso entre la multitud, miro fijamente aquel rostro hasta que me devuelve la mirada, es un ser femenino que instantáneamente me inspira pensamientos propios de una película erótica, es un dulce momento entre tanto desorden y horror, pero como todo dulce momento este debe acabar súbitamente… Y así ocurre cuando la serpiente se detiene, de nuevo el instinto animal se apodera de todos, salir de la serpiente es la prioridad, lucho y forcejeo para avanzar, logro salir, veo hacia los lados buscando aquel dulce rostro, pero me temo que no ha podido vencer a las criaturas malvadas que luchaban entre sí por entrar en la serpiente, es una lástima.

Comienzo a avanzar rápido, pues sé que hay merodeadores que han de estar vigilándome para apoderarse de las provisiones que conmigo cargo. Veo las escaleras, esta vez voy en ascenso, veo ya la luz solar que impregna mi horizonte, por fin salgo de aquel lugar sombrío, Me digo para mis adentros, ¿Qué era aquel lugar tan horrible?, una pesadilla tal vez, o quizás el infierno, quizás un antro producto de la descomposición social que me rodea, hasta que un letrero aclara y responde mi pregunta. No estaba en el infierno y tampoco era un sueño, estaba en el Metro de Caracas…


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