Reflexiones de aquel día importante.

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Era un día normal como cualquier otro o al menos eso pensaba yo. Mientras iba en el Bus camino al Boulevard de Sabana grande, la voz de la radio decía que era un día importante y especial, decía la voz que debíamos celebrarlo, pero yo no entendía por qué.

Llegué finalmente a mi destino y comencé a caminar por aquel Boulevard tratando de buscar ese significado especial que la radio comentaba y que algunos en el Bus también opinaban. Caminé durante un largo rato y pude observar a muchas personas; de esas personas que vemos todos los días, pero que tratamos de evitar a toda costa. Vi madres con sus hijos acomodando pacientemente sus camas de cartón, vi niños divertirse mientras intentaban conseguir algo delicioso entre la basura, vi incluso a un señor probablemente de unos 75 años tararear una especie de canción navideña «Ven a mi casa esta navidad», sí creo que era esa.

Estaba fascinado viendo aquel paisaje de individuos callejeros, así que me adentré a zonas más sombrías en las que yo sabía encontraría más de estas personas. Así terminé caminando por Plaza Venezuela, luego por la Av. Libertador para finalmente terminar recorriendo la Av. Solano. Observé a una madre darle el pecho a su hija probablemente recién-nacida en una pequeña esquina llena de suciedad, inmundicia y soledad aunque también llena de vida pues esa bebe era vida pura resaltando en aquel rincón.


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Estaba yo aun meditando porque era un día especial, pero otros pensamientos se tornaron protagonistas en aquel momento en el que comencé a pensar y a reír. Pensaba en que a veces las personas que más se quejan suelen ser los que menos sufren realmente. Todas estas personas a las que había visto mientras caminaba, me hacían recordar lo afortunados y estúpidos que somos muchos de nosotros. Estoy seguro que alguno de esos niños escarbadores de basura harían hasta lo imposible con tal de tener la vida que yo tengo o la vida que muchos tenemos, pero que aun así dramatizamos y victimizamos en exceso. Sé que todos tenemos problemas, algunos en mayor proporción que otros, pero nuestros problemas y nuestra vida comparada con la de estos invisibles, es realmente una vida de ensueño, una vida perfecta que a muchos de ellos les encataría vivir.

Me dí cuenta que estaba cansado, cansado de las falsas promesas, cansado del exceso de egoísmo, cansado de la hipocresía, cansado de la ideología, cansado de la pobreza y en especial cansado de mí. Creo que a veces necesitamos un respiro o un escape de hasta de nosotros mismos.


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Es curioso como la vida de otras personas me hace reflexionar a profundidad sobre mi vida, en especial de aquellas personas cuya vida esta mucho peor que la mía. Hay quienes dicen que la compasión al prójimo es una característica de alguna persona muy marcada por la religión, pero no es mi caso soy extremadamente agnóstico, casi rozando el ateísmo y aun así no puedo evitar sentir ésta sensación de compasión, de melancolía y de impotencia al ver tanta miseria en las calles. En esa madre, veo a mi madre, en esos niños veo a mi hermano y en esos ancianos me veo quizás, a mí mismo.

Y así pasé aquel el día pensando y meditando, observando y caminando, hasta que llegué a casa y entendí entonces porque era un día especial. Era Navidad y debía entonces ser un día especial, diferente, de esos que nos recuerdan que la vida vale la pena, que la familia, los amigos y el amor son pilares fundamentales, pero no podía evitar preguntarme si aquellos miserables también celebrarían la Navidad o peor aún si ellos recordarían que ese día era Navidad, tal vez si lo habrían de recordar, pero ¿Fue para ellos una Feliz Navidad?

Aquí les dejo la versión original de "Ven a mi casa esta navidad" que mencioné al inicio:

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