Buenas noches y dulces sueños.
Reclamo
Ámame, si quieres de cerca,
o inventa otra distancia
en esa me quedo en la línea de tu hombro,
donde la luz aprende a recostarse.
Ámame desde el borde de la cama,
desde el espacio que deja tu perfume,
o desde esa ventana en que te asomas
y el mundo se te vuelve paisaje.
Ámame en el desorden de las sábanas,
en la hora en que nadie nos reclama,
cuando el silencio tiene tu cadencia
y la noche se estira en tu garganta.
Ámame, desde lejos si prefieres,
donde tu espalda es una geografía
que mis ojos recorren sin tocarla
y aprenden de memoria sus fronteras.
Ámame desde abajo, desde el pasto,
desde el rocío que moja las rodillas,
como si el mundo empezara en tu cintura
y terminara donde el cielo empieza.
Ámame sin testamento,
sin promesas que pesen como piedras.
con la prisa de lo eterno
y la calma de lo que no se entrega.
Ámame en ese idioma que no hablamos,
el que se dice con la piel y el pulso,
porque lo entiende el cuerpo antes que el labio.
Ámame, cuando el día nos alcance
despeinados,
con sueño, sin armadura,
y el café se enfríe entre las manos
al disfrutar cómo arde la mañana.
Ámame en lo que dura un aguacero,
en lo que tarda el humo en deshacerse,
en la pausa que hay entre dos palabras
cuando ya no hace falta decir nada.
Ámame si te atreves a quedarte
cuando el espejo muestre nuestras grietas,
o si prefieres, ámame de lejos
y deja que el deseo haga su hogar.
Ámame desde el sur de tu memoria,
desde ese lugar que no se nombra,
donde guardas las cosas que no entiendes
y el amor es un verbo conjugado.
Ámame con la fuerza de una raíz
que no necesita ver la flor para crecer,
y con la levedad de la hoja
que se suelta en otoño sin doler.
Ámame en el revés de la costumbre,
en la sorpresa que rompe la rutina,
en ese instante en que te miro y tiemblas
como si fuera la primera vez.
Ámame cuando el mundo se derrumbe
y solo quede el ruido de tu pecho,
que yo sabré encontrar entre las ruinas
la forma exacta de tu abrazo.
Ámame desde el vértigo y la calma,
desde la duda y desde la certeza,
que el amor no es un puerto,
es travesía
y yo prefiero navegarte entero.
Poema de @camelia28