Desde temprana edad me resulta mágico sumergirme entre las letras de los libros, antes no podía verlo con la misma perspectiva de hoy en día. Para mí, solo eran historias que me gustaba leer, nada más. Un día, de repente, abrí los ojos y me dí cuenta que la magia no estaba solo allí en aquellos relatos con pequeños héroes y villanos, también está en la cubierta del libro y en la mente creadora detrás de todo.
Quizá para todos los libros no sean mágicos e incluso, puede que haya algunos que no a todos les parezcan mágicos porque todo varía según nuestra perspectiva pero ese es otro tema a tratar. Sin embargo, el más escéptico no puede negar que siempre hay una pequeña pizca de magia en la literatura.
Es como un titiritero que da vida a muñecos con su arte, los escritores hacen lo mismo pero con letras, crean personajes desde cero, lo ven nacer, enamorarse, sufrir, tener aventuras, vivir la mejor de las fortunas e incluso morir, como un héroe o villano, no importa. Allí hay magia pero no solo en los personajes, también en la historia, algo que jamás existió o lo hizo y ahora está contado de otro modo, con otros nombres, otros lugares y diferentes eventos. Allí también hay magia. Una de las cosas más preciosas y mágicas es cuando el lector se adentra en aquella historia, se encariña con los personajes, los odia y nacen sentimientos reales, a partir de aquello, como si no fuera solo un libro, papeles y tinta porque en realidad no es solo esto, es también magia, imaginación, creatividad, es arte.