Caminaba por la avenida y me detuve para comprar un poco de agua. El sol implacable quemaba la piel, sentía la garganta seca y me dieron ganas de ingerir algún líquido frío.
Al posarme frente a una tienda donde venden jugos y agua, miré hacia un lado y muy cerca de mí se encontraba un hermoso Pastor Alemán, un perro fino que al parecer había sido abandonado en aquel lugar o en su defecto, llegó hasta allí espontáneamente.
Me pareció una criatura encantadora, su mirada era tierna, mostraba humildad, sus ojos bailaban en la órbita del animal como suplicando por un poco de agua.
Me le acerqué con miedo, poco a poco, dejé que me oliera aunque igual el pánico me invadía. Repentinamente el perro se levantó y me paralicé, creí que me atacaría pero no fue así. Se posó en sus cuatro patas para olerme y para brindarme su amistad.
Compartimos el agua y finalmente, cada uno siguió su camino.
Comparto esta historia porque cada vez son más los animales que hoy día son lanzados a la calle para que busquen la manera de sobrevivir.
Mantener alimentado a un animal tan grande, no resulta nada fácil en estos momentos. Lamentablemente, tampoco se cuentan con instituciones de protección animal donde puedan refugiarse y ser atendidos como merecen.
Toma conciencia, no abandones a tus mascotas, busca con quien dejarlos, seguro conseguirán a alguien que los pueda adoptar, dejarlos a la intemperie puede convertirse en un riesgo para ellos.
La fotografía principal es de mi propiedad @belkisa758