Muchos creen que perdonar los convierte en personas débiles. Todo lo contrario. Para perdonar se necesita mucho valor y fuerza de voluntad. Las ofensas llegan sin avisar todo el tiempo. Es imposible que alguien no ofenda en algún punto, porque somos seres humanos imperfectos. Las palabras se convierten en armas letales, las acciones que nos parecen injustas chocan con la imagen que teníamos de alguien; las traiciones son comunes, los desprecios... etc. Todo esto podría causar cierto malestar en nuestro ser interior, que si lo dejamos acumular, terminará por enfermarnos. Aunque no lo creas, cuando hay falta de perdón se infiltra "un mal genio" en nuestro ser que se va fortaleciendo con el paso de los días. Llega un momento en el cual no puedes con tanto peso y te debilitas. Tu rostro cambia; tu manera de hablar se hace dura y ves un potencial enemigo en cada persona que conoces. El rencor nos deforma de adentro hacia afuera. Por eso el perdón es vital. Si no quieres olvidar, está bien; nadie olvida a propósito. Pero recuerda en paz esa ofensa. El perdón es más beneficioso para ti que para el ofensor. El perdón es un regalo que te das a ti mismo.