“La manera de dar vale más que lo que se da” -Pierre Corneille-
Los padres de Berenice, le pidieron a su yerno que esperarán una semana más, para que su corazón y mente no se fueran a arrepentir de ese trascendental paso de la donación de sus ojos; Bernabé estaba firme en su corazón, les repetía que él ya había disfrutado del milagro de la vista y deseaba compartir algo preciado de sí, con su esposa. Pasaron los días y llegó el momento de dar la noticia a la joven, hubo una cena familiar para la ocasión.
Berenice saltó de alegría, cuando Felipe, su padre tomo la vocería del asunto; lamentamos que Bernabé tenga que viajar, por un par de semanas; pero nosotros estaremos contigo; pues la donación tiene que ser de inmediato cuando los ojos aún no hayan perdido vitalidad; -algo parecido nos explicaron- Serán varias semanas entre la cirugía, la recuperación y por supuesto las terapias, para aprender a ver con tus nuevos ojos.
Bernabé gustaba de la poesía, se despertó aquella mañana y al abrir su libreta entró en contacto con esta frase del pensador Walt Witman: “Cuando yo doy, me doy a mí mismo” Se arrodilló, dio gracias al cielo por el milagro de la vista que disfrutó por 35 años; en pocas horas iría a cirugía, para donar sus ojos a su amada esposa. Berenice mientras tanto, recordaba a la vez, el día que sintió la presencia de su esposo, y dijo a su madre: -luego de conocerlos a vosotros, mi otra alegría será ver a mi esposo-
La cirugía fue exitosa para ambas partes, duró un par de horas más de lo previsto, pero el parte médico fue favorable, los esposos deberían estar separados; afortunadamente los recursos financieros eran abundantes para ambas familias y pudieron estar en una clínica privada con las comodidades y enfermeros pendientes de los dos convalecientes. Felipe le dijo a Bernabé: -me alegro por tu desapego y te felicito por tener fría la cabeza, y el corazón dispuesto-
Berenice escuchaba los mensajes de aliento de su esposo, que le grababa en su teléfono; pasaron los días acordados por los médicos, para quitar puntos y vendajes, el primero fue Bernabé, una vez que pudo caminar, fue a la habitación de su esposa para visitarla, y a la vez que lo escuchara y sintiera su abrazo de compañía. A los días ella inició las terapias y logró ver a su madre, luego a su padre y finalmente a su amado ¡estuvo feliz y dichosa!...
...hasta cuando le dijeron que su esposo también era ciego, -él siempre le contó todo lo que veía con base a su imaginación- Tendrían empleados que les facilitarán la vida. Ella lloró, al saber la verdad y prometió cuidar de su esposo lo mejor que aprendiera a hacerlo.
Pasó un año, de la nueva vida; y una mañana la joven dijo a su madre: -estoy cansada de cuidar a ese ciego, quiero recorrer el mundo y disfrutar de mi nueva vida. Los padres en privado se reunieron con su yerno y le comunicaron lo escuchado.
Bernabé les dijo a sus suegros: -La vida no fue fácil para mí, pero he sido bendecido con buena fortuna y con una familia como vosotros- esta noche le diré a Berenice, que ya he iniciado los trámites y la documentación para nuestro divorcio; por mi parte aprenderé a leer en braille y ya me están entrenando un can de compañía. ¡Cuenta siempre con nuestro amor! Dijeron los suegros con lágrimas de tristeza, ante el cambio de su hija.
Luego del divorcio, ella regresó al que fuera su hogar, a recoger pertenencias personales; en su cajón personal encontró una carta de su exesposo que decía: ¡disfruta la vida, con mis ojos, yo los tuve 35 años y los cuide, confió los sepas valorar!
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