La papaya era su fruta favorita y desde que él ya no está, es la mía también. Siempre que como un pedazo de la fruta, mientras saboreo su dulzura revivo toda mi historia junto a él, y por supuesto, de forma inevitable se vienen a mi mente imágenes de ese último día en el que sus hermosos ojos marrones se apagaron para siempre frente a mí mientras palabras inentendibles salían de su boca.
Por eso mandé a hacer esta pintura. Cada tarde sentada aquí en mi desván, veo el cuadro y pienso en él. Repaso nuestra historia y suspiro con nostalgia mientras trato infructuosamente de contar las semillas de la papaya que desde la pared parecen titilar. Para muchos quizás sea algo obsesivo, porque es verdad, él ya no está. Pero es que disfruto tanto recordar aquella tarde veraniega en la que gustoso y embadurnándose los bigotes se comía aquél rico dulce de papaya sin tener idea del frasco de raticida que yo previamente había vertido en él.
Esta es mi entrada para la iniciativa de los amigos de @hivemexico, el extraño Concurso Nr 31. Tienen hasta el último minuto de hoy viernes para unirse.
Un abrazo a todos. 🤗