Una de mis primas se marchó hoy de Venezuela. Tengo ese sabor amargo en mi boca, ese dolor punzante pero silencioso en el estómago.
Un poquito de mi alma se fue con ella, con su determinación y valentía. Daniela, como se llama mi prima, tiene mi misma edad y es muchísimo más alta, todos siempre nos comparaban. Ella fue la primera de mi generación en tener un hijo, así me hizo conocer el amor de una sobrina prima.
Ella me lleva 3 meses de diferencia, yo soy la de rojo
Fotografía de mi autoría, a una foto viejita de mi familia, equipo Alcatel A30.
He despedido a muchos, pero hoy es diferente, doloroso, lleno de incertidumbre. Verla despedirse de mi abuela y no saber si volverá a abrazar esos bracitos arrugaditos. Tener ganas de detener el tiempo y sentir que no debe irse.
Ella se va para vivir, para volver a soñar, para agarrar un respiro de tanto caos, y yo aquí siento que quiero que se quede, gritarle que no se vaya, pero sin nada que ofrecerle.
La voy a extrañar. WhatsApp será nuestra forma de encontrarnos, la forma que tendremos para seguir juntas. No nos veremos en el gimnasio, no iré a su casa a beber café al medio día mientras espero el aventón de mi tío para ir a mi casa, no habrá abrazo en el cumpleaños.
Un luto sin muerte, así lo siento hoy.