El plano astral es un universo paralelo, un plano de manifestación en el que penetramos todas las noches al conciliar el sueño. Durante esas horas, el cuerpo físico queda en un estado latente, recomponiéndose fisiológicamente, mientras la psiquis se desdobla “ingresando” en este universo, desconocido para muchos seres humanos. Lo hace a través de un organismo similar en sus características al cuerpo físico, que se ha dado en llamar “cuerpo astral”.
El plano astral es un mundo singular, regido por algunas leyes similares a las leyes físicas y otras muy diferentes. Los cuerpos y objetos tridimensionales tienen su correspondencia en este plano, en el que sin embargo no existe la gravitación (característica del mundo físico terrestre); también es diferente la cohesión molecular de los cuerpos, de tal manera que los sólidos pueden ser penetrados, etc.
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Es postulado por algunas filosofías como un elemento intermedio entre el alma inteligente y el cuerpo físico. En su origen más antiguo esta idea deriva del platonismo que se refiere a un plano astral consistente en la astrología planetaria. Posteriormente, la teosofía y el rosacrucismo moderno del siglo XIX adoptarían el término.
El concepto de cuerpo astral tiene sus raíces en los recuentos del más allá comunes a todas las religiones y en los cuales después de la muerte el alma inicia un viaje ascendente descrito con términos como éxtasis, místical y experiencias fuera del cuerpo.
Este viajero espiritual abandona su cuerpo físico para utilizar su cuerpo astral o cuerpo sutil hacia reinos superiores. En este contexto la idea de cielos, infiernos y purgatorios descritos por innumerables religiones pueden ser entendidas a su vez como fenómenos astrales.
En parapsicología, el cuerpo astral es definido como una experiencia de apariciones y por lo tanto es descrita como el Comentario al Sueño de Escipión de Cicerón.
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