Para llegar a asimilar cuán insignificantes somos los seres humanos en la Tierra –y no digamos ya a nivel cósmico–, debemos recurrir a una serie de datos estadísticos diversos y analogías que resultan apabullantes. Entonces empezaremos a asumir, solo en parte, lo irrelevante que es la especie humana en comparación con toda la enormidad de lo que la rodea. En estos cinco puntos definimos el perfil del ser humano y el lugar que ocupa en el mundo.
ESPACIO. Hay mucho espacio libre, y los humanos apenas lo ocupamos. Ni siquiera es necesario calcular todo el espacio exterior sin humanos, porque si nos ceñimos al espacio disponible en la Tierra, advertiremos que esta casi se nos antoja deshabitada. Si actualmente sumamos 7.500 millones de personas en todo el planeta, podemos afirmar que todos nosotros cabríamos holgadamente en la península ibérica. Bastaría con crear una ciudad con la densidad demográfica de Madrid y el tamaño de la península para albergar a todas y cada una de las personas del planeta.
MASA. Toda la masa de la humanidad puede reducirse a unos pocos cientos de millones de toneladas, aunque irregularmente repartidos en función de los recursos que posee cada país. Estamos hablando de cifras minúsculas si las comparamos con la masa de otros animales diminutos que nos rodean: los insectos. La Royal Entomological Society de Londres ha estimado que en la Tierra habitan unos 10.000 millones de insectos por kilómetro cuadrado. De hecho, tan solo con centrarnos en las hormigas, ya descubrimos que ellas, en conjunto, tienen una masa superior a la de la humanidad.