El último timbre /relato

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Armando se mordía el labio inferior para no maldecir y llorar, un poco más y rompería el grifo del lavabo por desesperación. Curioso, precisamente hoy cuando más sudaba y necesitaba refrescarse la cara para calmar el calor que sobrecalentaba su cuerpo, no salía ni una gota de agua por las tuberías. Definitivamente, el asunto en el que se había visto envuelto hace una hora desequilibro su tranquilidad emocional y seguramente le costaría su trabajo y su licencia para seguir ejerciendo su profesión.


Antes de salir del baño, se miró detalladamente en el espejo: debía mantener su imagen habitual, de profesional correcto y analítico. Luego, se ajustó la corbata y se limpió la frente con una servilleta que sacó del bolsillo, no podía dejar que lo ocurrido le afectara porque sería difícil continuar con su trabajo. Respiró hondo y pensó que todo saldría perfecto, fue un error, solo un error, sus superiores debían tener en cuenta que su hoja era impecable y quizás por eso únicamente por esta vez le perdonarían lo que hizo. "Nada de pesimismo Armando, tómatelo con calma, además nadie puede percibir el miedo que te da estar ahí fuera", se dijo a sí mismo.


Abrió la puerta y salió mostrando una actitud serena y fría, al llegar al pasillo principal, en segundos se mezcló con toda la gente. Mientras caminaba un torbellino de emociones atacaba su estómago, por muy seguro que pareciera estar Armando de sí mismo, no podía evitar sentir que los ojos de todos estaban sobre él como puñales... Sin embargo, no cambió su rumbo, se dirigía a su lugar de trabajo, aunque sudaba mucho y una voz en su cabeza le sugería escapar y así evitar enfrentar las posibles acusaciones en su contra.


Se detuvo frente a la puerta de madera y un escalofrío le recorrió desde las piernas hasta la espalda, luego se acercó y miró a través del pequeño cristal que había en el centro, enseguida se dio cuenta del desorden que tenían aquellos pequeños demonios. Laura, que siempre fue la más destacada del grupo y además traviesa, comenzó a hacer señas a todos, tal vez había notado que Armando los observaba, pero no le hicieron caso.


El profesor puso la mano en la madera y empujó, Los niños se apresuraron a sentarse. Era obvio para armando que encontraría el asiento de Jordan vacío después del incidente.


— ¡Todos sentados, ahora!, —dijo a sus alumnos.

Al dirigirse al escritorio sintió que estaba recorriendo el camino más largo de toda su vida, tomó asiento y permaneció unos segundos en silencio, intentaba poner en orden sus pensamientos, luego ordenó a Laura dictar la lección número 10 del libro de lectura y a los demás copiar, ya que eso los mantendría a todos ocupados y él podría pensar en las respuestas a las posibles preguntas que imaginaba que le harían después de clase.


— Cómo demonios puedo explicar que casi le retuerzo el cuello a Jordan, es una estupidez decir que me sacó de mis casillas y me acerqué a estrangularlo porque no supe controlarme, y la ira me cegó en ese momento. Definitivamente, estoy jodido.


Armando se rascó la cabeza "¿qué dirá mi madre cuando se entere de mi situación?, ella una mujer estricta y atenta a sus movimientos, de hecho gracias a sus cuidados y educación, Armando evitó caer en esas estúpidas pandillas que se desataron en la barriada donde creció. En lugar de socializar con esos niños de la calle, solo se dedicó a educarse para ser un buen profesor, esperando forjarse un buen futuro en lugar de meterse en problemas como todos.


En sus inicios, trabajó como ayudante en varios colegios mientras estudiaba y hacía sus prácticas durante un tiempo, pero siempre quiso más y por eso hizo algunos talleres de formación que le ayudaron a tener un extraordinario desempeño con adultos y niños. Y al final consiguió ser uno de los profesores más jóvenes de su generación.


Armando siempre tuvo que lidiar con todo tipo de problemas que surgían con sus alumnos o representantes, cosas que para él eran fáciles de manejar utilizando una buena psicología y pensando siempre en frío. Pero esta vez era muy diferente a las anteriores porque había cometido el error de tocar a uno de sus alumnos, precisamente a Jordan, que tenía un tremendo historial de acoso hacia los demás niños. Qué destino podría esperarle si los padres del chico son: Un importante militar y la madre nada más y nada menos que la secretaria del gobernador, pero siendo sinceros ninguno de los dos soportaba a Jordan, ninguno tenía tiempo para cuidarlo como normalmente lo hacen los padres, así que el niño pasaba todo el día en la institución, llegaba a las 6 de la mañana y al salir de clase en vez de ser recogido por algún familiar se dirigía al salón de la guardería donde hacía las tareas que le habían encomendado, veía una película, se aseaba, comía y dormía para luego esperar que alguien lo recogiera antes de las 6 de la tarde. Esa rutina era de lunes a viernes y los fines de semana estaba inscrito en fútbol, natación y catecismo.


Aunque los señores Quintero no compartían con su hijo, eran bastante problemáticos para resolver las cosas, esto era lo que realmente lo tenía preocupado, aunque lograra convencer a la junta de la zona educativa que estaba arrepentido de su error y que estaba dispuesto a arreglarlo para no perder su licencia, sabía que los padres de Jordan harían todo lo posible para que lo echaran como a un perro.


De pronto, el timbre de salida lo hizo saltar del susto, desatando las risas de todos sus alumnos que ya estaban guardando los útiles en sus bolsos. "Adiós profesor, hasta mañana" repetían los niños mientras Armando apenas podía responder de los nervios que tenía, segundos después se quedó solo en el aula, cogió algunos documentos del escritorio y los metió en su maletín de cuero, debía ir a la oficina del director porque le estaban esperando, cuando termino de guardar todo apareció. Sus ojos estaban rojos, había rabia en su mirada, Armando estaba completamente mudo y paralizado, porque frente a él había una persona que empuñaba un arma y le apuntaba.


Minutos después, un estruendo de voces y gritos se escucharon en toda la escuela "¡Dios mío! ¿Quién pudo ser?.


Armando fue asesinado en el aula, en su rostro se plasmó el miedo y sus ojos abiertos mostraron la impresión de conocer a su asesino, lamentablemente hasta los momentos se había llevado el secreto a la tumba.

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