Al principio, pensó que estaba enfrascado en el más oscuro de sus sueños, pero cuando empezó a ser acosado por un batallón de preguntas, comprendió que debía buscar todas las respuestas y, por tanto, tenía que volver al lugar donde ocurrieron los hechos, al origen de su desgracia. Magne de 17 años, tuvo que enfrentarse de nuevo a su realidad, aquella que nadie creyó cuando contó con tristeza y pánico lo que había sucedido. Lo primero que hizo al salir del hospital psiquiátrico, fue coger la moto de su padre y acelerar hasta que la aguja kilométrica dejó de moverse, casi podía oler a goma quemada cuando trazaba las peligrosas curvas, Magne ya no era el mismo, en ese momento su mente estaba en blanco y parecía que había marcado automáticamente el punto de su destino, la vieja casa de sus abuelos. Aunque los informes médicos revelaban un trastorno mental, parecía bastante lúcido, dispuesto a descubrir la verdad. Una vez en el lugar inspeccionó minuciosamente la propiedad, pero no encontró nada, ya era de noche y seguía sin tener ninguna pista, la paciencia se agotó y Magne empezó a lanzar objetos por todas partes, estaba tan enfadado que golpeó las paredes varias veces descubriendo en ellas una especie de madera suelta, que al quitarla dejó al descubierto una escalera de caracol. Mientras bajaba, percibió un olor muy fuerte que le hizo recordar cosas desagradables. Curioso, esa sensación provocada por la podredumbre de los escombros que encontró, inmovilizó su cuerpo, el miedo recorrió su organismo. Magne deseaba no volver a revivir aquella pesadilla, lo que había vivido meses atrás con su hermana Nicol dio paso a un intenso dolor en su pecho, pero tenía que investigar exactamente qué o quien la había matado. Permanecía paralizado y los recuerdos no dejaban de golpear su cabeza, estaba tan asustado que temblaba, pero lo más aterrador de todo fue sentir esos ojos en su espalda y el aliento caliente tan asqueroso que le ponía la piel de gallina. Cuando Magne se dio la vuelta vio un rostro muy pálido que le miraba fijamente, esos rasgos le transportaron al más oscuro de los recuerdos apestando a confusión. Era él, el mismo hombre vestido de negro que les había atacado en su habitación meses atrás, y que quizás se preparaba para asestar un golpe definitivo, esta vez contra Magne. De repente, recuperó el movimiento de sus piernas y comenzó a correr, consiguió salir de la casa de sus abuelos y cruzó la valla que le separaba de la montaña, le ardía la garganta y tenía la visión un poco borrosa, quizás la mierda que se preparó y fumó minutos antes le estaba afectando al cerebro y le hacía alucinar más de lo que pensaba. Una energía cargante le perseguía por una ladera prominente de la montaña quien intentaba golpearlo, pero Magne pudo esquivarla a tiempo varias veces, aquel hombre parecía estar en buena forma porque volvió a atacarle y esta vez le desgarró la carne de la espalda haciéndole caer al abismo sobre una roca que parecía fracturar todos sus huesos. Minutos después, tras dar unos gritos de dolor y ponerse en pie, avanzó lentamente sujetando su brazo izquierdo que colgaba como un trapo. Se dio cuenta de que caminaba por un terreno bastante desprovisto de árboles y lleno de rocas que tenía que escalar para continuar su huida.
—¿Qué demonios me persigue como si fuera su presa? Eso no puede ser humano, ¿por qué todo es tan confuso en mi cabeza? —se preguntó Magne.
El chico estaba mareado, quizá los golpes de la caída le habían afectado más de lo que pensaba, pero no podía detenerse, algo se movía y se escondía entre las rocas, acechándolo, jugando con él y aunque Magne intentaba acelerar el paso, no podía. Sin embargo, logró llegar a muchos árboles y se defendió con fuerza de los ataques, abriéndose paso entre los espacios de las raíces levantadas que a veces parecían agarrarle los tobillos al quedarse atascados. Su resistencia ya era mínima, Magne había descubierto una herida bastante horrible en su pierna, las pocas fuerzas que le quedaban y el recuerdo de su hermana sonriendo le ayudaban a seguir luchando. Pensó que estaba perdido, pero su fe volvió cuando vio el camino y cerca estaba la tienda y el suministro de combustible, había personas. —¡Mierda, qué suerte me he salvado! Tengo que darme prisa —dijo Magne, que se arrastraba más rápido. De repente sintió que algo caía sobre su espalda y su cuerpo se aplastaba contra el suelo, su vista se volvió borrosa y luego sintió que su cuerpo flotaba, se sintió mareado y cerró los ojos por un momento imaginando a su hermana gritando, pero no escuchó el mensaje. Cuando abrió los ojos le costó entender lo que estaba pasando, vio que el bosque se hacía pequeño y sus pies no tocaban ninguna superficie, un dolor punzante penetraba sus hombros, movió la cabeza y notó una especie de garras incrustadas en ellos, Magne había sido capturado por algo sobrenatural que lo elevaba hacia un destino incierto.
—¿Qué mierda eres? ¿A dónde me llevas? —preguntó Magne mientras todo se oscurecía.