Una interpretación libre (muy, muy libre) de una aguatinta que hizo mi maestro, el pintor daimieleño Juan D'Opazo, allá por los años sesenta. Siempre fue una obra que me gustó especialmente (hasta el punto que se la terminé comprando). La suya era una estampa costumbrista, con personajes de mediados del siglo XX. Yo adapté la escena a mi universo de fantasía de personajes planos sin cara, que ya presenté por aquí con el cuadro La cosecha. He llegado a pintar toda una colección de cuadros sobre ellos, y ya la iré compartiendo por aquí poco a poco.