De árboles sigue la cosa. Aunque ahora la escena no es tan plácida, pues nos muestra los efectos de una fuerte tormenta sobre el bosque. Este pobre roble, azotado furiosamente por el vendaval, y quizá, incluso, hendido por un rayo, se ha quedado totalmente sin copa. Y a poco estuvo de ser arrancado del suelo.