Más allá del estrecho de Ormuz, cuando se abandona el golfo Pérsico, se abren las aguas del oceano Índico, inmensas, sobrecogedoras y repletas de islas extrañas. Bien lo sabe Simbad. Si se pone rumbo al Suroeste y los vientos son favorables, antes del tercer día se puede llegar a este islote, que forma parte del archipiélago de los cinocéfalos.
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