Las llanuras de Yéndrux eran un lugar inhóspito y solitario, donde el viento soplaba sin cesar y la nieve cubría el paisaje hasta el horizonte durante gran parte del año. Solo durante el breve verano desaparecía el desierto helado y las llanuras de Yéndrux se transformaban en un paisaje de praderas verdes en el que los únicos árboles que sobrevivían en el lugar tenían el tiempo suficiente para florecer y dar fruto.
Únicamente un pueblo, los fleis, se había adaptadolo suficiente para sobrevivir en un entorno tan hostil. Para cualquier otro, aquello no era más que un infierno helado. Pero los fleis eran pocos y estaban bastante diseminados, por lo que sus vidas eran bastante insociables por naturaleza, y bastante solitarios. Para ellos, la vida en Yéndrux era un ciclo eterno de caza, recolección y espera en sus refugios.