Había una vez unas largas y altas ventanas, ellas eran el encanto de un pueblo lacustre, Maracaibo. Buscando remedio para el calor los maracaiberos ancestrales recurrieron a colocar en sus casas ventanas así, en ocasiones mayores en tamaño que la puerta de entrada para que el aire circulara. Era buena estrategia ya que al ser estas casas de techados muy altos y tejas de arcilla por techo, el aire caliente se quedaba en la parte superior, mientras en los lugares habituales de habitabilidad corría el aire fresco.
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Los dueños, para pintarlas iban hasta el puerto donde llegaban muchos barcos, que dejaban la pintura usada para su mantenimiento en la orilla del lago y así de variados tonos, de los que consiguieran, coloreaban sus ventanas quedando muy alegres. Algunos exagerados les instalaban tres ventanas en lugar de dos, buscando más fresco.
Pero un día, llegó la demolición y un grupo de letrados con interés económico derrumbaron las casas frescas y cómodas de los Maracaiberos, para colocarlos a vivir en encerrados apartamentos y destruir sus coloridas ventanas.
(Imagen creada por mi utilizando Power Point)
Los maracaiberos recurrieron al arte para que sus ventanas no murieran y las transformaron en pinturas, cerámicas, arcilla, madera, recuerdos, en símbolo. Hay una en cada nueva casa, apartamento, vivienda, son un icono no murieron, renacieron para seguir circulando aire fresco… Colorín Colorado.
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