Aquella lluvia de balas cegaba la vida de uno de los poetas más influyentes del siglo XX, García Lorca moría fusilado en agosto de 1936. A 85 años de esa fatídica noche para la cultura mundial.
Lorca habría manifestado su tendencia política al decir que se sentía marxista, revolucionario, católico, tradicionalista, conservador y librepensador. En una clara demostración de su ingenio versátil y petico. Juan Luis Trescastro uno de los ajusticiadores del poeta en una oportunidad afirmó sentirse orgulloso de haber participado en la eliminación física del “rojo maricón”, como era apodado entre los militares de la época García. Su evidente homosexualidad le trajo detractores muy férreos, además aunado a eso practicar la masonería le daría un agravante más a sus perseguidores.
La notoriedad de Lorca y sus cuantiosas afirmaciones contra las injusticias sociales le transformaron en un personaje perturbador para la derecha, de manera que la decisión fue sacarlo del medio de la fragua en la discusión de las ideas, dada su alta influencia en el medio cultural y en las raíces del pueblo, especialmente el andaluz. Su detención fue prácticamente una cacería, se colocaron hombres armados en los techados contiguos a donde se encontraba para imposibilitar que pudiera escapar. Él se encontraba escondido en casa de los padres de un amigo, varias manzanas alrededor de la residencia también fueron cercadas con el fin de apresarlo. El hecho fue calificado como un acto de terrorismo para originar temor dentro de la colectividad intelectual y los partidarios de izquierda.
Su muerte fue uno de los puntos de inflexión que determinaron el inicio de la derrota republicana, y el triunfo de Franco: su obra fue oculta por décadas, prácticamente una generación completa no pudo disfrutar su legado. Solo estuvo vivo durante 38 años, logrando la creación de poesías fundamentales en la literatura hispana, obras de teatro que son clásicos legendarios, un talento como pocos, incomprendido en una sociedad convulsa.