El caballo ha sido en la historia del desarrollo de la humanidad un factor determinante, ya que los hombres sobre sus lomos gestaron las campañas que a través de los siglos conmovieron al mundo. Así que al mirar hacia atrás nos encontramos siempre con la presencia del caballo. Hubo entonces caballos mitológicos como los pegasos que además de sus patas tenían alas los cuales permitían desplazarse de un lugar a otro con gran velocidad.
No es de extrañarse, que grandes hombres que narran la historia sentían un amor intenso por sus caballos y es fácil recordar por ejemplo a Alejandro Magno, quien a su caballo Bucéfalo lo nombró general y no menos famoso fue Babieca el caballo de Rodrigo Díaz de vivar, el CID Campeador, quien con su formidable mandoble expulsó a los árabes de España así como para esta misma época fue famoso el caballo zaino negro del rey Boabdil, quien dándole golpecitos cariñosos en el cuello se puso a llorar y según la historia su madre enfurecida lo recrimino diciéndole que lloraba como mujer lo que no había defendido como hombre.
La historia no menciona el nombre del caballo de Atila rey de los hunos, pero este jactancioso decía:
Donde pisaba mi caballo no volvía a nacer la hierba.
En lo que se refiere al continente americano el caballo lo trajeron los españoles y es de suponer también que lo mismo hicieron los ingleses al conquistar el territorio norteamericano incluyendo a Canadá.
Las grandes guerras que conmovieron a la humanidad se realizaron con participación activa del caballo: Las cruzadas cristianas, las batallas napoleónicas y luego las contiendas independentistas en norte américa y la guerra también de independencia de la américa latina.
En una batalla el rey Enrique IV en el fragor de la batalla le mataron su caballo y entonces grito a todo pulmón:
¡Cambio mi reino por un caballo!
En lo que se refiere a Venezuela puedo decir sintetizando que todos sus componentes militares iban sobre sus caballos, pero muchos de ellos quedaron sin nombre; el del general Páez se lo mataron en la batalla de Carabobo junto con el del coronel Ambrosio Plaza y el de Pedro Camejo "El negro primero"; el del mariscal Antonio José De Sucre se lo mataron por allá en el altiplano Boliviano; el de Bermúdez en la batalla de Aragua de Barcelona en donde indujo a Libertador a presentar batalla en las calles de la población sin pensar que dichos pobladores eran realistas y se atrincheraron en los techos y la ventanas de las casas, disparando a mansalva a las fuerzas patriotas causándole una derrota al libertador y dejando en el campo de batalla más de dos mil muertos, mil heridos y lamentablemente todos venezolanos. Entre los muertos se encontró al coronel Francisco Carvajal a quien apodaban El Tigre Encaramado, nativo de dicha población y quien guiaba el caballo con las riendas en la boca y en ambas manos una lanza. Muchos años después los godos o mantuanos de dicha población se jactaban que ellos habían derrotado al libertador Simón Bolívar. El caballo del general Piar se lo mataron en la batalla de San Félix; el del general José Félix Ribas en la población de Tucupido; el del general José Tomás Rodríguez Boves en la batalla de Úrica y en donde murió alanceado por un brazo anónimo atribuido al general pedro zaraza pero este quizás por exceso de modestia no se arrobo ese hazaña.
Cuando el doctor Próspero Reverend al examinar el cadáver de nuestro Libertador, en el informe médico dijo que además del aniquilamiento físico causado por la tuberculosis pudo observar que el cadáver presentaba grandes callosidades en los glúteos y entrepiernas causadas indudablemente por el continuo y por muchos años de andar montado a caballo.
Todos los caballos que jinetean nuestros héroes murieron sin penas ni glorias, pero hay tres que han sobrevivido en el transcurso del tiempo y han quedado inscritos para la eternidad. El primero es el que aparece en nuestro Escudo Nacional simbolizando la libertad, pero cuántos gobernantes ya lejanos en la historia y más cerca ahora han violado su significado sometiendo a prisión o al destierro a los hombres y mujeres disidentes del pensamiento político del gobernante de turno y el otro es el caballo que le regalaron las autoridades peruanas al Libertador y que él le puso el nombre de Palomo y es el que monta nuestro Libertador en las plazas públicas de los pueblos y ciudades de Venezuela y el mundo como un eterno homenaje a ese noble animal hecho para la hazaña y la gloria. Y el otro es el caballo Rocinante que jineteaba don quijote de la mancha y que seguirá galopando cada vez que una persona lea el libro que relata las aventuras y desventuras del Caballero de la triste figura.