Jefersón no podia creer que estuviera en ese lugar, se lamentaba y solo podia pensar en su padre.
Sus compañeros, solo le repetían que debía llamar a su padre, el era único que podia ayudarles.
Los días en la cárcel eran terribles, esta estaba dividida en cuatro pabellones (4-P), en el P-1 estaban los Asesinos en serie, en el P- 2 los Violadores, en el P-3 los Psicopatas y en el P-4 los Traficantes y policias corruptos. Aunque pertenecían al P-4 Jefersón y sus compañeros tenían que compartir el patío con todos, cada día. Estando un día en el patío, observo perplejo como ingresaba un hombre y el guardia grito, es un violador de menores. Todos corrierón hacia el hombre, lo maquillarón y lo violarón de manera tan brutal que este solo podía pedir que lo matarán.
Esa noche no durmio, estaba muy arrepentido y solo pensaba en su padre.
Al otro día, en la mañana, llamo a su padre y al escuchar su voz, solo pudo decirle, padre perdoname por lo que te voy a decir, estoy preso en una cárcel en Brasil. Hubo un gran silencio y Jefersón sintió que se le helaba la sangre...
Del otro lado del télefono solo se escucho una voz quebrantada que contestó. ¡No temas hijo que yo ire por ti..!