El sol cae y ya no doy más, mis piernas están tan cansadas que solo pienso en llegar a casa quitarme las pesadas botas que sirven de grilletes modernos, destapar una cerveza fría del refrigerador, sentarme en mi sillón y suspirar. Qué día tan complicado, marchas, paro indefinido de transporte, larga jornada laboral y un salario que oprime y degrada cada día más la calidad de vida del obrero.
En las calles se escuchan consignas políticas, frases repetitivas e imágenes cumpliendo devoción a personajes que han influenciado las posiciones políticas del país, la figura romántica de Ernesto Ché Guevara que se ha convertido en un negocio rentable para las empresas más capitalistas y extremistas del país, la usan para definir un propósito de lucha irreal e inexistente, yo soy de los que piensa que si el Ché estuviese vivo, sería uno de los primeros que rechazaría rotundamente la politiquería barata que disfraza la corrupción y las ansias de robar y desangrar a un país con riquezas como las del nuestro.
Cada tarde, cuando el sol cae, deseo poder estar sentado en un trigal viendo el ocaso luego de haber pasado el día entero en bicicleta. Con el aroma del pan recién horneado que hacía mi querida vieja Josefina. Escuchando sus sermones y sus cuentos, con su voz suave y pausada, su tranquilidad y energía que transmite una comodidad tan palpable y deseada, con su cabellera larga deslizada suavemente con el viento.
Pero estoy aquí, en este sillón con mi cerveza fría. Sin querer encender la televisión para no saber más de los capitalistas extremistas y los políticos corruptos, sin perder detalle del ocaso que se pinta en el cielo, sin saber a dónde voy ni cuál es mi camino..
Como si realmente supiera que mi único destino es la inmensidad.
Texto e imágenes propias de @angeled