Simples formas hechas de vidrio que al verlas pensaras que son insignificantes, invisibles hacia el ojo humano, transpartentes y pequeños.
En un luminoso día son merodeadores inactivos, juzgando nuestras acciones, detallando cada movimiento impuro, la gente los ignora pero ¿Qué pasa cuando llega la oscuridad? Se vuelven mas importantes de lo que son, son nuestros guías, nos alumbran y nos sentimos seguros al sentir su luz, hacen que nuestros mas profundos miedos se extingan.
Luciérnagas del destino, su luz es mas valiosa para nosotros que alumbrarnos para ellas, a los rayos lumínicos mostramos lo mejor de nosotros pero a la sombra de la noche nuestros pecados y las acciones mas carnales florecen tal cual rosa. Escondidos de los focos, los errores se ocultan mejor en la oscuridad, nuestras debilidades y los actos más íntimos que no queremos que sean presenciados, esos que solo la privacidad conoce y los bombillos apagados ven.
Ellos solo estan ahí siendo lo que nosotros queramos que sean, las prendemos cuando queremos y las apagamos cuando se necesite, pero siempre estaran ahí, observandonos.
Con amor, Andres