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Cuando éramos jóvenes

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Y ese bolero pegajoso…humo y alcohol…pieles descubiertas hasta un límite confuso, la mesa con los amigos y las risas en el café cuando éramos jóvenes y no teníamos hijos, pero escribíamos la historia a nuestro modo porque los hombres fueron hombres y las costumbres cambiaron pero los sentires y el amor siempre fue el mismo, a veces diáfano y puro, otras pecaminoso y lascivo pero en todas las épocas nació y en todas las mismas épocas a veces moría, otras no.

Y buscábamos en esos sábados eternos las notas sugestivas y el olor a hombre nos carcomía el cerebro y a veces salpicaba el corazón, corríamos por los pasillos del deseo, la puerta se cerraba y el ruido del bolero se tornaba más lejano cuando enredados en una confusas sábanas la vida fluía sin diques ni barreras.

Volvíamos a casa con ese sabor pegado al nervioso sudor que nos asaltaba cuando traspasábamos la casa paterna con los zapatos enmudecidos y los picaportes suavemente acariciados.

Como la niña de Serrat que regresaba antes de las diez, almidonada y compuesta nos zambullíamos en la cama y si alguno despertaba la señal cómplice y reinaba nuevamente el silencio en la casa pero los latidos bailoteaban rememorando tanta entrega, tanto desborde y lo prohibido era tan amigo que se acostaba a nuestro lado para repasar cada momento y cada sonrisa.

Y sin querer uno comienza a amar tímidamente y descubre cuál es la piel que quiere, qué roce le conviene aunque no convenga y se juega prejuicios a ganador rifando tantos consejos que se escucharon pero fueron derribados por la realidad de esas eternas madrugadas donde uno es uno …

De lunes a viernes marcando el obligado paso y desbordar el sábado por los vericuetos de extrañas calles amigas para recorrerlas asiduamente sólo por un perfume amigo, sólo por eso…

Cuando éramos jóvenes | Ecency