Las cartas de amor se empiezan sin saber lo que se va a decir,
y se terminan sin saber lo que se ha dicho
Jean-Jacques Rousseau.
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¡Buenas tardes queridos steemians! El día de hoy voy a compartir con ustedes una carta que escribí hace bastante tiempo y estaba enterrada en el fondo de mis archivos. Ahora, tantos años después de cerrada esa herida me atrevo a mostrarla a otro ser vivo, porque tengo la creencia de que las cosas que hacemos con pasión son las que realmente salen bien.
Debo confesar que cuando comencé a escribir esta carta me llevo un par de días conciliar las ideas, no quería demostrarte que de verdad me hacías daño e impedir un desborde de ira no fue sencillo, aún ahora es difícil.
Si te soy sincera, esto comenzó como una carta de desprecio por todo el tiempo que sentía perdido al esperar por ti, más tarde entendí que de ello, solo yo era culpable. Después de toda la rabia comprendí que no podía culparte por el tiempo malgastado, porque esa, había sido mi decisión. En esos tortuosos días de dolor y llanto, imaginé que te explicaba como dolían tus recuerdos. Quería decirte que durante mucho tiempo fantasee con el calor de tus manos en mi cintura y la sensación de tu cabello entre mis dedos, esas cosas reales que compartimos por poco tiempo, pero reales al fin.
Ansié explicarte como deseé sin cesar arrancar con mis dedos cada parte de mi cuerpo que tus manos habían acariciado, desprenderlas de mis huesos porque estaban manchadas, contaminadas con tu inagotable presencia.
Pensé en ser absurda y contarte cuantas lagrimas derramé cada vez que pensaba en ti, pero sabía en mi fuero interno que nada de lo que dijese cambiaría el final de nuestra historia. Entonces, con mas calma decidí que lo mejor que podía decirte, era no decirte nada. Solo hacer lo tú habías hecho conmigo; fingir que nunca existí. Juré que nuestra historia solo quedaría para prosa de la que me convencería era autora y supuse que con suerte nunca más tendría que verte, aunque si por mala fortuna te volvía a encontrar en mi camino sería capaz de ignorarte, de no sentir más las cosquillas en mi estómago ni el calor en mis mejillas y que con un poco de tiempo te convertirías en el cadáver de un romance hace mucho olvidado.
Epílogo
Leyendo está misiva entiendo que todo lo que quería era poder borrarte, pero ahora, tantos años después, sé que jamás podré tacharte como si no te hubiese conocido. Serás siempre una parte de mi vida, una anécdota que contar, al que una vez llamé amor y mi única historia inacabada.
Espero que les haya gustado, de ser así espero sus comentarios con ansias y si tienen alguna recomendación o corrección, los espero también.
¡Muchísimas gracias por leer! ¡Hasta pronto!