¿Cómo el cambio de espacio altera nuestro desempeño?

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Hace ya un mes que no logro retomar al cien por ciento mis rutinas ni avanzar en otros proyectos. Creo que la razón principal es el cambio - o más bien, la falta - de espacio.
En la escuela, por ejemplo, me sentía incómodo trabajando en el sofá de la sala de maestros. No era un lugar pensado para concentrarse, y eso se notaba en mi productividad.

Pero este viernes ocurrió algo inesperado: me asignaron un espacio propio. ¡Un escritorio! Fue una pequeña alegría. Ahora puedo dejar mis libros allí, dar seguimiento a mis lecturas y trabajar con mayor comodidad en mi computadora.
Esto me trajo a la memoria los momentos en que me mudaba de un lugar a otro - casi siempre para empezar de cero. Recordé cómo, poco a poco, mi pequeño cuarto dejaba de sentirse vacío. Cada mueble, cada silla, cada objeto que elegía le iba dando forma y personalidad al espacio. Y lo más importante: cada decisión era mía.
No fue fácil vivir solo. En los primeros años en la ciudad atravesé periodos de soledad y depresión. Fueron tiempos desafiantes.
Hoy, tras varios años de seguir cambiando de entorno - del pueblo al hotel donde trabajaba, del hotel a la ciudad, de la ciudad al mundo - , siento que llevo las huellas de un migrante permanente. Solo espero que el peso de los años no sea tan intenso como para impedirme adaptarme, una vez más, a los nuevos espacios que la vida me presente.

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