Estructuras de sostén, en los vegetales.

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Los vegetales son organismos vivientes que carecen de movimientos propios.

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Se les considera sésiles, porque tienen estructuras especializadas para mantenerse fijos al suelo o un sustrato, pero sus órganos si pueden realizar movimientos.

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Dado que están en constante crecimiento, gracias a la presencia de tejidos meristemáticos y la división celular, llamada mitosis, las plantas deben buscar la forma de mantenerse fijas al suelo y también, poder realizar el movimiento de sus órganos, a fin de realizar sus funciones vitales.

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Para ello, la naturaleza las ha dotado de dos órganos fundamentales que, además de sustento, les dan la posibilidad de absorción de nutrientes y función fotosintética.

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Por supuesto, esta es una clara referencia a la raíz y al tallo de la planta.

La raíz es el órgano de la planta que se origina de la radícula del embrión y crece en dirección al centro de la tierra, gracias a su propiedad de geotropismo positivo.
Esta raíz primaria, da origen a oras raíces secundarias y estas, a las raíces terciarias.

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Algunas plantas como los cactus, no tienen una raíz primaria, sino raíces secundarias, muy ramificadas, que igual cumplen la función de nutrición y sostén del vegetal.

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Existen raíces que se originan a partir del tallo o de las yemas axilares que dan origen a las hojas, que se llaman raíces aéreas, adventicias, que también sujetan a la planta, al sustrato donde crece.

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Ejemplo muy conocido de estas raíces, es el árbol de caucho.

Algunas raíces tienen función de sostén, de absorción de nutrientes y también, de reserva alimenticia.
Tal es el caso de la zanahoria.

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El otro órgano de sostén, por excelencia, es el tallo.

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El tallo se origina de la gémula del embrión, conformando tejidos como el colénquima y el esclerénquima, que le dan la capacidad de conducción de nutrientes y la fortaleza para sostener al vegetal, especialmente, en los arbustos y árboles.
La presencia de lignina en las células del esclerénquima, las endurece y forma los tallos maderables.

La mayoría de los tallos tienen capacidad de realizar fotosíntesis y muchos acumulan material de reserva de agua y nutrientes, en general.

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Tallo modificado en forma de cladiolo, de la tuna (opuntia)

Adicionalmente a estos dos órganos de sostén, la raíz y el tallo, existe una serie de órganos accesorios que dan firmeza y sostén a los miembros del reino vegetal, sobre todo a aquellos que carecen de raíces útiles, tallos rígidos o viven en medios que no facilitan la absorción de nutrientes dificultan la respiración.

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Veamos algunos casos.

Las plantas epífitas y sus raíces aéreas.
En este grupo de plantas se incluyen a las bromelias, orquídeas y algunos miembros de la subfamilia Cactoideae.

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El termino epífita hace referencia a un grupo de vegetales que crecen sobre otro vegetal, usándolo solo como elemento de soporte.

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No parasitan al árbol que las sostiene, aunque a veces los abruman, con tanta rama, hoja o raíces que forman.
Estas ramas generan sombra, al ocultar la luz del sol en áreas del vegetal que las soporta. También aumentan el peso que debe soportar el árbol hospedero.
Las epífitas tienden a crear micro ecosistemas, muy importantes en el mundo natural.

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SI observan con detalle una epífita, notaran que se aferran a la corteza del árbol que las sostiene, a través de unas raíces aéreas, que al principio se muestran blanquecinas y luego muestran un color verde, indicativo de su capacidad de realizar fotosíntesis.

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Las epífitas realizan fotosíntesis para producir su alimento. Lo que se les dificulta es la obtención de agua y los nutrientes minerales.

Las raíces adventicias de la malanga y otras enredaderas:
Cuando una raíz no se desarrolla a partir de la radícula del embrión, se le denomina raíz adventicia.

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Este es el caso de las plantas trepadoras y rastreras, que, no presentan tallos lignificados que las sostengan, por lo que se ven obligadas a formar raíces adventicias, que le sirven de fijación y para absorber los nutrientes.

Normalmente, la planta tiene una raíz primaria metida en el suelo y a medida que crece, se va arrastrando, formando raicillas a partir de los nudos o yemas axilares, que se engrosan y fijan al suelo, y a otros objetos, permitiendo que la planta rastrera o trepadora se vaya extendiendo.

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Este es el caso de la malanga (Epipremnum aureum), que se puede extender a lo largo del suelo, o a través de un tutor, llegando a desarrollar muchas raíces, hojas y tallos.

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Esta planta es de uso común, ornamental, en casas y jardines.
El maíz, una gramínea, también presenta raíces adventicias, además de la raíz primaria.

Los zarcillos de la parchita.
La parchita (Passiflora edulis) es una planta trepadora, que presenta un tallo engrosado, bien lignificado, que se extiende en forma horizontal, a menos que la planta encuentre objetos a los que se fija, creciendo en la dirección de ese objeto.

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Planta juvenil de parchita, que muestra lo zarcillos incipientes.

En los cultivos tradicionales, a las plantas de parchita se les colocan tutores en forma de rectángulos, a los cuales se fija la planta, valiéndose de los zarcillos que forma a partir de los tallos, hojas o pecíolos.
Los zarcillos tienen forma de filamentos muy resistentes, arrollados en espiral, que van moviéndose de manera aleatoria, hasta alcanzar un cuerpo fijo, que les permita sujetarse

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Este movimiento de flexión de órganos, como las hojas, o tallos modificados, se conoce como nutación.
A veces ocurre que los zarcillos de la parchita se aferran con mucha fuerza, al propio tallo de la planta de parchita, que poco a poco, se va ahorcando, al suspender la circulación de nutrientes.

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Una de las faenas típicas del cultivo de la parchita es la separación de los zarcillos del tallo, de las plantas ahorcadas, para evitar pérdidas económicas.

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Los zarcillos se presentan en todas las rastreras y trepadoras, destacando una planta conocida como toddi, que es una leguminosa

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También se presentan zarcillos en las curcubitaceas, como los pepinos silvestres (Cucumis anguria).

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A pesar de no poseer movimientos propios, que le permitan trasladarse a otros sitios, las plantas han evolucionado, creando órganos accesorios, que le han permitido extenderse y desarrollar todo su potencial genético, para beneficio propio y del resto de los seres vivos.

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A nosotros nos corresponde analizar sus adaptaciones, para comprenderlas y aprovecharlas al máximo de su potencial.

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Alí Riera

Todas las fotos son propiedad del autor.

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