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La ecología es la ciencia biológica que se encarga de estudiar las relaciones existentes entre los seres vivos y su ambiente, incluyendo las interacciones intra e inter específicas, que finalmente terminan afectando de manera decisiva las poblaciones y por ende a los ecosistemas, incluida la distribución de la biodiversidad y su supervivencia.
La vida en los ecosistemas depende de la forma en la cual se distribuye la energía a través de las cadenas de alimento, ocurriendo una constante competencia entre las especies, que se debaten entre comer o ser comidos, usando múltiples estrategias para cazar a las presas, o para evitar ser cazado por un depredador.
Video subido desde mi cuenta de YouTube, que pueden seguir como Ali Riera.
¿Y cuáles son los depredadores?
La respuesta más acertada, es decir: casi todos los seres vivos son depredadores, a excepción de los seres productores, que se dedican a transformar la energía primaria proveniente del sol en energía asimilable por los organismos vivos, en forma de moléculas de carbohidratos, a través del proceso de fotosíntesis, a partir de sustancias simples como el agua y sales minerales, mediante la activación de la molécula de clorofila presente en los cloroplastos de la célula.
Sí la mayoría de los seres vivos, en algún momento de sus vidas se comportan como depredadores, entonces, ¿cuáles son las presas y cuáles los cazadores?
Es simple, los seres vivos se alternan en esos roles, en función del lugar que ocupan en la pirámide de energía, siendo muy numerosos los seres vivos que están en los eslabones más bajos, que se comportan como depredadores herbivoristas, para luego servir de comida a otros individuos que están en los eslabones superiores, y a medida que se sube en los peldaños, se hacen menos numerosas los integrantes de las poblaciones de depredadores de niveles más elevados.
El tamaño corporal de los individuos depredadores también varía en función del lugar que ocupan en las pirámides de energía o cadenas de alimento, en una proporción directa, con el número de individuos y con la fortaleza como depredadores.
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Existen depredadores, que no tienen enemigos mortales, sin necesidad de ser muy corpulentos, como es el caso de los anfibios, que por su toxicidad no son atacados por los depredadores que, han aprendido a reconocer las señales que indican el peligro de cazar a una presa potencialmente venenosa.
La introducción de especies exóticas en ecosistemas homeostáticos también genera perturbaciones a ese equilibrio dinámico, porque las especies autóctonas no están en capacidad de defender sus nichos, su hábitat o su propio cuerpo, contra individuos extraños, que han venido a colonizar espacios nuevos, haciendo uso de su capacidad de depredación, sus recursos de mimetismo o cripsis, su instinto natural y su agresividad contra los individuos locales, aprendiendo a atacarlos en etapas del ciclo vital cuando estas presas son más vulnerables, sobre todo, en los nidos, estados de alevín, juveniles o a las hembras en gestación, que siempre son más vulnerables que los machos adultos y sanos.
Al observar las cadenas alimenticias y la transferencia piramidal de la energía dentro de los ecosistemas, se nota que unas poblaciones de depredadores controlan el número poblacional de las otras existentes, de forma tal que se logra un equilibrio dinámico entre los distintos grupos de plantas y animales, que se dirige, de manera prioritaria a regular los órganos reproductores de los individuos y los mecanismos de apareamiento, anidación, cuidado parental o la desaparición del excedente de individuos que están perturbando la armonía de los ecosistemas a través de la falta de alimentos o de la imposibilidad de conseguir potenciales parejas sexuales, y sí este mecanismo regulatorio no funciona apropiadamente, muchas especies e inclusive, todo el ecosistema, pueden perecer y desaparecer de la faz del planeta.
Muchas personas se escandalizan al presenciar el acto de depredación de un individuo, realizado por otro con mayores fortalezas de cazador, olvidando que la potencial presa también tiene opciones para escapar, entre las que se cuentan, los diversos mecanismos de evolución reproductiva, cripsis, mimetismos, recursos morfológicos de amenaza, como el aposematismo, simulación de gran tamaño, capacidad de correr, volar, excavar, nadar, engaños físico-químicos, etc, los cuales les permiten en muchas ocasiones, escapar de sus verdugos; y no debemos olvidar que, la mayoría de los alimentos que consumimos los seres humanos provienen de la depredación de especies animales o de cosechar los excedentes de las reservas nutricionales de las especies vegetales, silvestres o cultivados.
Una de las claves de la acción ecológica de la depredación entre especies, es la capacidad regulatoria de los números poblacionales, de forma tal que, si los individuos de una especie aumentan su número dentro de un ecosistema, sus depredadores tienen más presas disponibles por lo que, también aumentan su número de individuos , hasta que al haber muchos depredadores para las presas disponibles, los cazadores comienzan a morir de hambre y permiten a las presas recuperarse a un nivel conveniente para el ecosistema. Este proceso se repite de manera indefinida y es lo que permite que el ecosistema llegue a alcanzar una homeostasis, y cada especie ocupe su hábitat y desarrolle su nicho ecológico, trayendo armonía y belleza a estos espacios naturales.
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En el caso de los individuos productores y su relación con los depredadores herbivoristas, el procedimiento natural es similar al de los depredadores estrictos, ya que, si se agotan las fuentes de alimentos producidas por los organismos fotosintéticos, los herbivoristas que habían aumentado su número poblacional y comían en demasía, comienzan a perecer de hambre, desnutrición, etc., dando oportunidad al ecosistema de recuperar fuerzas y otorgar la posibilidad de que se recuperen los individuos productores primarios, únicos capaces de transformar la energía lumínica proveniente del sol, en energía química en forma de carbohidratos, asimilables por todos los seres vivos.
La depredación es cruel, porque implica la muerte de las presas, que son devoradas crudas, en el sitio, o bien, almacenadas para comidas posteriores, y nuestra condición humana nos hace confundir estos procesos con crímenes naturales, olvidando que esa es una ley natural con la cual no debemos interferir, recordándoles que así fue nuestra vida en los albores de la humanidad, durante la cual los seres humanos prehistóricos cazaban y pescaban para poder sustentarse, arriesgando sus vidas en cada lance de depredación. Muchos años han pasado desde esos tiempos, y el hombre sigue buscando su sustento a través de la pesca, cacería y recolección de productos derivados de las especies silvestres, sobre todo, en las zonas donde habitan los campesinos descendientes de estos primeros habitantes de nuestro territorio.
En la actualidad, la mayor parte de nuestra comida procede de factorías y granjas cercanas a la ciudad, donde se crían animales, como ganado, que luego de cierto tiempo, son sacrificados para aprovechar sus proteínas, sin importar si sufren durante ese proceso, ya que el fin último de la cría de ganado es la nutrición de los humanos y sus mascotas, adaptados a cada estilo cultural de vida.
La depredación es cacería, lucha entre especies similares y una constante competencia entre individuos de especies diferentes, que quieren obtener una fuente de sustento, o no ser comida para otros, pero la regulación natural de estos procesos siempre lleva a los ecosistemas a lograr un equilibrio dinámico, sin obviar que, en muchas ocasiones, las especies desaparecen para siempre pero no por culpa de la depredación, sino por la acción de la cacería furtiva, la pérdida del hábitat por la tala y la quema, el desarrollo de grandes factorías agrícolas o de cría, uso de agroquímicos residuales que contaminan el ambiente, el creciente aumento de la población humana gracias a los avances de la medicina, la pérdida de fuentes de agua potable y la insensatez de la especie humana, que ve en la naturaleza su fuente exclusiva de provisiones, sin pensar en las otras especies que, las mueve su instinto natural básico, o en las generaciones futuras de humanos, que es probable, que ya no encuentre ecosistemas naturales para su subsistencia y vida.
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Debemos acostumbrarnos a ver relaciones ecológicas, como la depredación, sin sentir culpa y sin perturbar el curso natural de esos procesos biológicos, ya que la intervención humana puede generar la ruptura del equilibrio natural y con ello el mal funcionamiento de los ecosistemas, que se pueden destruir en segundos, pero tardan mucho en recuperarse.
Bibliografía sugerida:
¿Qué es la ecología?
FUENTE
Diferencias entre mimetismo y camuflaje en animales.
FUENTE
Depredadores: qué son, tipos y ejemplos.
FUENTE
Flujo de energía en los ecosistemas.
FUENTE
Epictia vellardi.
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Ali Riera
Todas las imágenes fueron tomadas con un equipo celular Xiaomi Redmi9C y son propiedad de @aliriera.