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La vida en los ecosistemas transcurre entre nacer, crecer, comer, evitar ser comido, encontrar una pareja sexual, aparearse, reproducurse y dejar descendientes que transmitan la carga genética, de generación en generación, aprovechándose de las presiones que generan las cambiantes y rudas condiciones ambientales, que seleccionan a aquellos individuos que presentan ciertas variaciones genotípicas (mutaciones), favorencen una mejor adaptación evolutiva, que muchas veces desembocan en la creación de nuevas especies, o cuando menos, en la aparición de especies más aptas para sobrevivir en las condicines ambientales del momento.
La mayoría de las veces, ocupar un hábitat determinado, implica ser capaces de ocultarse de los depredadores, acercarse lo suficiente a las presas, y en el caso de los individuos herbivoristas, y otros consumidores de órdenes bajos, alimentarse rápido, y de forma eficiente, para evitar ser capturados en el intento de comer, o de aparearse.
Existen mecanismos evolutivos muy llamativos, entre los que se incluyen, el mimetismo, el aposematismo, y la cripsis o camuflaje, que han permitido a los diferentes seres consumidores, alimentarse, aparearse reproducirse, etc, y sobrevivir, pasando sus capacidades y potencialidades a los descendientes, que también adquieren esas caracteristicas de sus progenitores y logran adaptarse a la vida dentro de los ecosistemas.
Veamos unos casos realmente impresionantes:
Mientras dedicaba unos minutos a limpiar el vidrio de la pecera que tengo en mi casa de Palmira, observé un espécimen extraño posado sobre la cara interior de la tapa de dicho acuario, y a juzgar por esos ojos enormes que me miraba fijamente, lo ubiqué dentro del grupo de individuos que tienen hábitos nocturnos, y al notar su sorpresa y su fragilidad, comprendí que el mismo había estado dormido cerca del agua, y sin querer, lo desperté, pero su somnolencia no le permitía reaccionar apropiadamente, por lo que no trató de escapar, así que decidí mover la tapa de madera con sumo cuidado y me trasladé hasta una planta de helecho cacho de venado, que estaba al amparo de la sombra de un árbol de guanabana, y allí, le permití que se posara.
Al observar detalladamente este espécimen, pude notar que se trata de una rana platanera, cuyo nombre científico es Boana crepitans (Anteriormente, Hypsiboas crepitans), de la Familia Hylidae, Orden Anura, que, probablemente, se introdujo a la pecera para contrarrestar las altas temperaturas ambientales reinantes el sector del caserío Palmira, durante estos primeros días del mes de marzo de 2024, y usó el parecido del color de su cuerpo con la del color de la madera para ocultarse de cualquier depredador, mientras dedicaba las horas diurnas a descansar.
A pesar del estado de somnolencia de esta rana, en cuanto la hice posarse sobre las frondas del helecho cacho de venedo, de inmediato se dirigió a la parte de esta planta que presentaba tonalidades semejantes al color de su cuerpo, y allí, se dedicó a continuar su sueño reparador, sin estar conciente de que esa simple acción de dormir a buen resguardo representa un cúmulo de acciónes evolutivas, probablemente divergentes con otros tipos de anfibios, que se conocen como cripsis, y les permten a las especies pasar desapercibidos para sus depredadores y acercarse lo suficiente a sus posibles presas, asegurando de ese modo, su supervivencia, todo gracias a un mecanismo de camuflaje, que la asemeja a su entorno.
Este mecanismo de camuflaje, conocido como cripsis no es algo exclusivo de los anfibios, por el contrario, es un elemento integrador presente en las espcies que habitan los ecosistemas, y les permite perpetuarse en el tiempo, obligando a otros individuos, en su rol de depredadores, a evolucionar y desarrollar otros mecanismos para contrarrestar ese prodigio de pasar desapercbido, tal como lo han hecho los ofidios que presentan fosetas loreales, que captan variaciones de temperatura, ubicando los cuerpos de sus posibles presas por el calor que disipan al entorno, o, en el caso de mucho mamíferos carnívoros, que han desarrollado un olfato que les permite atrapar presas que son casi invisibles a las facultades visuales de esos depredadores.
La cripsis también está presente en insectos, tanto herbivoristas con carnívoros de segundo o mayor orden, que se esconden entre los elementos de su entorno para lograr que sus potencialaes presas se acerquen lo suficiente para atraparlas, o les permitan ser invisibles para sus depredadores, escapando a situaciones de riesgo mortal, porque la ley natural es comer o ser comido.
El elemento evolutivo conocido como cripsis tienen su antagonista en el mecanismo de aposematismo, que es la acción evolutiva presente en algunos individuos, que presentan señales de advertencia, que indican a otras especies que si atacan a este especimen aposemático, van a encontrar mal sabor, veneno o toxicidad, o cualquier otro factor que les va a traer más problemas que beneficios. Por supuesto, la experiencia ha enseñado a los depredadores que es preferible dejar pasar a un individuo aposemático, y esperar a que se encuentre un alimento de menor riesgo.
Ni la cripsis ni el aposematismo deben ser confundidos con el mimetismo, en ninguna de sus versiones (mimetismo mulleriano y mimetismo batesiano), ya que la ación evolutiva de mimetizarse se basa en la imitación corporal de otra especie animal, para obtener el beneficio de escapar de los depredadores, que atemorizados por la fiereza del espécimen imitado, se abstienen de atacar al organismo que se ha mimetizado.
Todos estos son mecanismos evolutivos han sido adquiridos por los individuos, con base en las leyes naturales, y queda plenamente establecido, que aquel individuo que no evolucioné apropiadamente, y por ende, no se adapte a las cambiantes condiciones ambientales, perecerá en las fauces de los depredadores, o de inanición, o por cualquier otra causa natural, de allí la importancia de la cripsis en el desarrollo de la vida en los ecosistemas.
Bibliografía sugerida:
PRACTICANDO EL ARTE DE "NO SER DETECTADO".
FUENTE
Cripsis.
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Aposematismo.
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Mimetismo.
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Ali Riera
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