NOTA DEL AUTOR
La exclusión de género en nuestras sociedades sigue siendo un problema, muy a pesar de la evolución en materia de igualdad que se ha logrado. Rompamos con esa cerca que nos obliga a ser indiferentes. Espero disfruten el relato, inspirado en la dura situación que golpea a las mujeres en algunos países de oriente medio.
OTRA PARTE DE Mí
Fuente: PIXABAY
No me gusta Manuel, pero Manuel es el precursor de mi éxito, así que tendré que acostumbrarme por un tiempo a él.
Estoy harta de su bigote erizado, de sus ojos azules inadaptados, de su rostro lánguido y de respiración pesada, y del alfiler que tiene por cuerpo. Pero ya lo dije, él ha sido quien me ha enviado a la cima.
Regresó a mí un día cuando me encontraba mirando mi teléfono. El mensaje que me había enviado mi hermana Ana me explicaba de un nuevo método para trabajar de encubierta. Yo dije: pues bien, entonces tendré que buscar a Manuel para que me ayude con esta loca idea que pasa por mi cabeza. Claro está que ya había tenido algunos encuentros con él en mi infancia, cuando por el mes de febrero íbamos a las fiestas de disfraces. No me atrevía a darle el aliento, aunque Manuel lo suplicara una y otra vez, siempre sobre mi pellejo.
Y no, no piensen mal. Manuel nunca se atrevió a hacerme daño porque simplemente se haría daño a él mismo. Me lo encontré en otras ocasiones, frente al espejo, y en todos esos encuentros me repetía lo mismo: Anda, sabes muy bien que te gusta ser yo, y no esa damita que aparentas ser. Lo olvidé, lo juro. Nunca volví a pensar en sus bigotes o en sus camisas que olían a mi padre.
Bueno, había dejado de pensar en él hasta que mi hermana me comentó acerca de los nuevos métodos poco seguros con los que las mujeres lograban hacerse con una chamba. No tengo la culpa de vivir en un país machista, pero me alegra burlarme de las élites masculinas, y Manuel me ha ayudado a mentirles frente sus narices.
Así que todas las mañanas antes del trabajo, me fundo con Manuel en el baño. Uso el delineador para espesar mis cejas. El pegamento sostiene bien el bigote sobre mis labios. La faja oculta la forma de mis senos y pone mi pecho plano. Rocío colonia masculina para dotar a mi camisa ancha y mis pantalones holgados de la veraniega fragancia de los hombres. Finalmente compongo mi postura y mi forma de caminar, y ante el espejo parezco el mejor de los machos.
Cuando llego a la oficina nadie nota lo que verdaderamente se oculta debajo de Manuel. Ellos me complacen con chistes y manotazos en la espalda. Yo me he llegado a encariñar con algunos, incluso me han contado sus más íntimos secretos. No sé, pero creo que uno está enamorado de Manuel… ¡sí supiera!
Ya lo dije, no me gusta ser Manuel, pero Manuel me ha enseñado un estilo de vida y una comodidad jamás imaginada en un país como éste. Él es otra parte de mí; la más dura pero la más tangible. No sé hasta cuando dure esta mentira… pero espero que sea por mucho tiempo. Además, creo que ya me está gustado mi bigote.
Contenido original de: @alinsonchangir
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