La casa sola, los rincones vacíos habitados solo por ecos , los roperos llenos de sus cosas impregnadas de su fragancia como una abstracción que llenaba el espacio .
Sus flores marchitas en el balcón y la taza de café que siempre usaba y de la que tantas veces bebimos los dos.
Su toalla en la ducha, los libros sobre la mesa de noche que tanto la apasionaban y sobre los cuales debatíamos hasta la madrugada.
Y el sillón, el mueble favorito sobre el cual subía los pies y se tapaba con una frazada cuando tenía frío.
Y yo...yo le hablaba:
-Amor , se te va a enfriar el café , apaga la luz del baño cuando termines tu ducha , no olvides llamar a tu mamá para avisar que saldremos el fin de semana, compra el pan que tanto me gusta cuando vayas al súper ....no olvides que te amo
Así pasaba los días y las noches, con la sombra furtiva que manchaba los muros y luego se desvanecía.
Los interruptores que se apagaban en cualquier estancia de la casa sin razón aparente.
El goteo de un grifo que se callaba cuando algo o alguien cerraba la llave.
La sensación de que alguien me echaba una manta en las noches frías.
Los pasos de discretas pisadas en la escalera del piso.
El vibrar de los vidrios sin el efecto del viento.
Y la voz....esa voz de apenas un murmullo ininteligible.
Era su voz, una caricia en mi oído, un leve soplo en mi mejilla y el suave suspiro que hacía mecer los mechones de mi cabello.
Era ella que como ángel guardián me llenaba las noches en que las febriles pesadillas que contenían imágenes de todo ese dolor vivido y contenido.
Era su perfume y su aliento, el tacto suave de su etérea forma y su respiración.
Aquella noche lo viví más intensamente que nunca, dormía inquieto con una parte de mi mente en vigilia.
Pude sentir como se hundía el colchón con el peso de un cuerpo ajeno.
El crujir de ropas y la respiración profunda que de a poco se acercaba a mi rostro.
Sentí como me rodearon unos brazos delgados y unas piernas ligeras se trepaban sobre mi cuerpo inerte.
Luego la voz que como una onda que se expande en el agua en círculos y que repite la misma frase y figura una y otra vez haciendo parecer varias voces al unísono.
Se acercó el rostro pálido como el mármol apenas perceptible en la oscuridad con las facciones finas apenas visibles en el delicado perfil.
Luego las palabras que me hicieron soltar sendas lágrimas y que rodaron hasta mojar la sábana.
-!Déjame ir!
Era ella, entendí que era la despedida y que debería ser consecuente
-Adiós amor -dije entre un sollozo que lleno de paz mi corazón.
Esa noche dormí entre la humedad de mis lágrimas y la tranquilidad de otorgar a mi gran amor el último regalo.
-!Siempre juntos , solos contra el mundo , cómplices en la adversidad ! -dijo el viento y no habló más.