Si bien es cierto la medida de los años luz es una medida de distancia y no de tiempo, aguardé pacientemente el hecho que dicha distancia era lo que más te apartaba de mi existencia.
Soñaba bajarte la luna, pintarla del color que tu quisieras, le ordené a los astros para que siempre te alumbraran a ti en esas noches de luna llena, donde este loco por ti se volvía de un tímido y reservado hombre común, a ese que le aullaba a esa luna para que algún día la viéramos juntos.
Romántico o no, hombre lobo o mortal, debe parecerte una tontería el hecho de que hoy tenga esta luna con un lazo para ti.
Que te digo, ahorré toda mi vida, para cuando llegaras a la mas mínima distancia de mi ser, no fuera en vano el haber orado, suplicado, y hasta haberme encomendado a quien creó todo lo visible e indivisible, para que por fin llegaras.
¿A que quiero llegar con todo esto?, pensarás que son las palabras que uso con todas las mujeres que dices que tengo y tienes toda la razón.
A quien me pregunta por ti, le digo que eres a la única por quién, en serio me sometería a la burla de los sabios de decirle que te ayudaría a bajar la luna, y que nos fuéramos a vivir a ella, lejos de todo.
Me sometería a las burlas por las locuras que el amor nos hace realizar.
Ojala la luna pintada del color de tus ojos sea el regalo que esperas, no sabía que otra cosa regalarte, y lo hice porque siempre supe que era lo que tu querías cuando veíamos el cielo en diferentes distancias, o como los más iluminados dicen
A años luz de distancia. Lamentablemente así seguimos los dos.