La lluvia sonaba igual que la leña ardiendo en el brasero.
Veo tras el cristal, deambulan mil sombras haciendo que la bruma tome espectrales formas.
Lágrima a lágrima va cayendo a mi alma, como cae la lluvia sobre mi silente pueblo.
Al caer la lluvia, siento la necesidad de abrirme paso, de salir a su encuentro...
La lluvia tiene tu aroma, ese que es único, que diferenciaría entre las más afamadas fragancias, aroma que atribuyo tienes, por tu bravura al amarme.
Desde que no estás a mi lado... Cuando llueve, salgo a cielo abierto a empaparme de ti, abro mis brazos, cuando mis prendas son extensión de mi piel, cierro mis ojos y en un instante mi alma es una con la tuya.
Amarte es a mí; como el coqueteo del sol, es a la tierra después de un temible chaparrón...
Sí todo ser fueran lluvia... Sería llovizna, y tú mi amor el más temerario Huracán.
Camino bajo la lluvia... No quiero mojarme solamente...
Tu imagen, y tú nombre: gimen mariposas con inconfundible sabor azul...
¡Mira mis ojos, ahí estás tú. No habito aún en el sheol; ven : sálvame!
Te amé, te amo y te amaré por siempre y para siempre.