Así fue nuestro encuentro la primera vez que te vi, jugabas alegremente sobre una cama de flores.
El viento soplaba a tu favor susurrando a tu oído un canto de Amor.
Fuiste esculpida con esperanza, pincelada con matices de ternura, tan sólo con mirarte la primera vez supe que eras alguien especial de esencia innata.
Las avecillas del cielo dibujaban tu sonrisa haciendo arabescos en la planicie azulada.
El sol juguetón te miraba admirado, por la belleza que irradiaba tu alma y quiso darte apresurado un regalo, así que a todo fulgor brilló esparciendo hilos de oro con el cual forjó tu verdadero nombre.
Así fue que con gran esmero tejió una palabra que a todo pulmón proclamó haciendo eco hasta llegar a los confines de la tierra.
¡Reconciliación!
Así lo convirtió en diadema y te coronó
La algarabía rompió el silencio por el acto solemne que ocurría en mis sueños.
Desperté y aún no habías llegado a mi plano pero te formabas en un vientre floreciente, el de tu Madre;
Ella era el lecho de Amor donde crecías, ese cobijo de Alegría el cual siempre se mantendrá como floresta poesía para alivianar tus días.