Saludos, compañeros de Hive. Espero les guste este cuento que hoy dejo ante ustedes. Espero lo disfruten. Recomiendo escuchar el video mientras van leyendo el relato.
Nunca nadie me ha mirado así
Nora está orgullosa de su belleza, de las curvas de su cuerpo y de su gran cachet para bailar salsa brava. Por eso, todos los viernes, después de dar clases de baile a principiantes en la vieja academia de doña Jacinta, va al salón de baile del Havana Dancing Club a divertirse con los entusiastas muchachos del barrio, a mover sus bien formadas caderas y sus hombros al ritmo de la música caribeña. Ella sueña con encontrar allí a su Chayanne y, como en Dance With Me, desplegarse ambos por la pista blandiendo los mejores pasos de salsa.
Pero su Chayanne tarda en aparecer. Enterados de la magia de Nora con la salsa, los más atrevidos osan invitarla pero si antes los ha visto mal bailando se niega a acompañarlos; así los va descartando uno a uno. Por eso no pierde su tiempo con cualquiera, solo baila con los que cree pueden llevarle el paso. Espera a un galán que haga voltear la mirada de los presentes, ambos deben ser el centro de atención de aquel salón. Mientras llega su Chayanne, prefiere simplemente bailar sola o con cualquier amiga que le lleve el ritmo.
Cada viernes se le acerca un hombre delgado, mal parecido, oliendo a las copas que lo envalentonan para atreverse a estirarle la mano en señal de invitación. Viernes tras viernes ella lo rechaza groseramente porque le disgusta su aspecto y, además, nunca lo ha visto bailar allí, no desea correr ese riesgo. Él regresa a la barra y desde allí la contempla como si nada más existiera en el mundo, sin decir ni una sola palabra, sin más que el placer de verla moverse y ella se sabe admirada.
Ese viernes todos sus amigos tienen pareja de baile, menos Nora. Suena en el ambiente “Azuquita, mami”, de Pete "Conde" Rodríguez , una de sus canciones favoritas, que ella baila con maestría. Está deseosa de mover su cuerpo al son de la música y no puede dejar pasarla. Pero no queda nadie más que el flacucho, que la invita nuevamente y ella acepta de mala gana. Al llegar a la pista, mientras "El Conde" canta Azuquita en tu cintura, tu tienes, mami, al andar, que me causa sabrosura y me puede trastornar. Azuquita, mami, azuquita pa ti, ambos se miran a los ojos por largos instantes. Ella siente una sensación extraña, un chispazo que le mueve las fibras.
Listos para empezar, el hombre demuestra su impericia para bailar: mueve una pierna hacia afuera y hacia adentro y luego la otra y nada más. Algunas personas se ríen y eso molesta a Nora. No era el protagonismo que ella buscaba. Rabiosa, se paraliza hasta que lo abofetea y lo deja plantado allí, pensando que él se está burlado de ella cruelmente. Sale del salón a toda prisa buscando alejarse de todos y no ve el automóvil que a gran velocidad le quita la vida.
Antes de entrar al cielo, San Pedro le pregunta qué añoraría de su vida en la tierra. Ella responde que bailar salsa antes que nada, pero inmediatamente un pensamiento le cruza la memoria. Le dice al gran guardián que la perdone, que le devuelva la vida porque dejó algo pendiente, muy importante. Suplica diciendo: Me he portado muy mal. Pero he recordado una mirada. Debo volver a estar al lado de mi Chayanne, aunque baile mal. Por favor, entienda: Nunca nadie me ha mirado así.
Ahora, en el Havana Dancing Club, Nora enseña a bailar al flaco, quien se deja llevar feliz en sus brazos.
Aquí le dejo la canción Azuquita, mami
para aquellas personas que no la conocen todavía:
Gracias por su visita.
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