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Un círculo de fuego dibuja
entre olas de oro y pestañas
brilla en tus ojos dormidos
el agua de invierno
se lleva las semillas de la flor de ceiba.
Otro tiempo se esparce en el aire
mueve sus párpados eléctricos
clava dientes y relámpagos
en los labios de la noche
iluminado bajo el temblor del aire.
La blancura de un ángel medita
sobre lo que no cesa
el universo late como pulso de partículas
pequeñísimas cercanas a mí
rodeado por trémulos rasgos del ahora.