Al principio fue difícil, complicada la despedida y los primeros días. Extrañaba todo de ti, de tus pequeños roces con mis manos, hasta en la forma de como entendías lo que quería sin decir una palabra, extrañaba cada una de esas cosas, ¡realmente lo sigo extrañando! Las noches eran sumamente largas y la mente me llevo a lugares desconocidos, inexplorados por mí. Comencé a caer es una espiral, ya me sentía bastante pérdida para la segunda semana de tu partida, y solo era la segunda semana (pensaba) como haré cuando ya sean meses.
El punto de quiebre llegó. Aquella fatídica madrugada donde toco aquello se quebró, pero que de alguna manera todo tomó su curso. Mis sentimientos y emociones se fueron calmando, aquel tornado ahora solo era simple brisa pasajera. Seguía anhelado tus roces, y aquella sonrisa, pero me di mi espacio, espacio más allá de dejarme sentir todo aquello que reprimía cuando te fuiste, pero me permití sentirme tranquila, de alguna forma, cargaba con un sentimiento y angustia en mi ser. Me permití sentir, sentir nuevas cosas.
Ya pasado un mes, un mes lleno de altos y bajos, descubrimiento y reconocimiento, descubrí que no está mal estar solo, y hablo de estar solo contigo mismo, dedicarte más a ti y pensar en conocerte más, desde un simple "¿qué me gusta?" hasta un "¿qué es realmente lo que quiero?". El tiempo es relativo, pienso en hace un mes y siento que fue hace mucho, en donde todo lo que pase fue rápido, pero cuando pienso en cómo me sentí, entiendo que los días pasaban muy lento y doloroso.
Tal vez no esté en mi mejor momento, pero estoy mejor, estoy estable, he aprendido a convivir conmigo, he aprendido a soportar tu partida, poco a poco sana, aunque te extraño de la misma forma. Doy de alguna forma las gracias a la vida de haber llegado hasta a aquí de esta forma. Te doy la gracias a ti, a ti por existir y hacerme ver que, de una forma trillada, que después de cada tempestad, viene la calma.