¿Y quién dijo que tengo espinas?
son hojitas modificadas
que simplemente se protegen,
de recibir otra emboscada
y mostrar lo que dentro tengo
al hombre cruel que me mata
Un día estuve en una tierra,
que se regaba de codicia,
y el sustrato tenía bacterias,
y creo era Escherichia
no podía con la pericia,
del dolor que allí sentí
pues mi corazón pulposo,
no lograba allí latir
Intente reír un rato,
con los cactus allegados,
pero también tenían espinas,
que otros habían domado,
simplemente se callaban,
y aceptaban un tornado,
de gotitas de lluvia ácida
y puñales de amoniaco.
Luego salieron hongos,
de los basidiomycetes,
y con un gran sombrero,
acabaron con los presentes,
sus hifas los envolvieron,
querían ser micorrizas,
sus raíces se revistieron
y borraron su sonrisa
Estaban allí atrapados,
mis bellos amigos cactus,
no querían liberarse,
de lo que les hacía daño,
pues de vez en cuando la clorofila,
daba unos cuantos almidones,
porque si fueran montones,
a sus pies debían quedar colgados.
Un día me salió una flor
y me lanzaron una espina
llena de maldad y mentira
y acabaron mi corazón,
no podía creer en nadie,
negro era el escenario,
esa espina me hirió tanto,
que yo perdí la razón.
Sin embargo salió fruto,
dulce y rojo como la hemoglobina,
y oxigenó las espinas,
que aún me quedaban por salir,
dice que estaba allí,
esperando de hace rato,
que mi flor se recuperará,
para abonar el sustrato.
Mis espinas tienen magia,
y se niegan a morir,
pues la tierra es tan amplia
y todos podemos vivir,
aunque muchas veces los hongos,
quieran descomponer,
todo lo que hay en su paso,
y que, para crecer.
Ay GAIA preciosa,
no necesitaste títulos,
y eres tan, tan compleja,
que quitas el apetito,
de los que quieren leerte,
desde la misma codicia,
y para a ti tenerte,
solo hay que sentir empatía.
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