Cada mañana,
cuando el café se empieza a colar,
el aroma que percibo,
me hace a ti recordar,
cuando ese día supremo,
te pude yo confrontar,
y tus labios de café,
trataron de enamorar,
mis deseos de mujer,
mi alma,
mi palpitar.
Bien amargo lo pediste,
yo te di la prioridad,
y tomaría lo mismo,
para también poder probar,
lo que sentía tu gusto,
cuando en ese restaurant,
tu y yo nos veíamos,
con miradas que, sin disfrazar,
querían que todo parara,
que nadie nos viera al pasar.
Desde ese día un café,
me recuerda en su aroma,
que la pasión,
puede aparecer,
un día,
sin mucha norma,
que existen mundos de dos,
si,
en el que dos personas,
sienten en ese café,
la pasión en un aroma.
Ese aroma que a veces,
sientes que no se borra,
y es que el bendito café,
me recuerda en cada toma,
que lo vivido contigo,
de mi alma no se borra,
solo quería un café,
lo dice Ricardo Arjona...
No quería despertar,
de ese sueño hermoso,
en que granos de café,
adornaban el otoño,
de sus manos,
en las mías,
la comida,
el buen gozo,
que duró lo que un café,
dura en las manos de un mozo.
A veces cuando recuerdas,
tu mente tiene nostalgia,
esa que un buen día,
en silencio a ti te clama,
ven a tomar café,
yo hoy te presto mi taza,
pero le pondré azúcar,
a ver si mi amor,
te empalaga...
Cuantas personas hoy recuerdan,
al probar un buen café,
el despertar de un día,
una mañana,
una piel,
sentimientos que nacían,
cuando amanece en aquel,
sitio muy alejado,
donde el silencio,
olía a café...
Con saber a café,
Tu mirada y tu piel