Son las 5am, suena la detestable alarma, procedo a despertar,
observo por mi ventana que aun no aclarece, la noche aun no acaba.
Procedo a lavar mi cara y a poner mi cabello en orden, luego me dirijo a preparar mi bebida de las mañanas, se me ha caído el azúcar al piso...
Aun conservo la calma, me reincorporo, termino el proceso y sirvo mi café,
pero mientras le tomo, mi mente comienza a derrumbarse,
y sin permiso alguno me somete en una especie de abstracción...
¿Qué estás haciendo?, ¿Cuándo lo vas a resolver?
niego con mi mente todo lo que comienza a resurgir de las profundidades, haciendo caso omiso a mis pensamientos.
Ya el sol comienza a asomarse, y yo sigo allí,
contemplando la nada, mientras saboreo mi amargo café.
Se me pasan los minutos, ya voy tarde,
quiero salir de mi estado de inercia, pero algo me mantiene.
No estoy sola, siento que algo me acompaña,
así que miro con suma atención a mi alrededor y no, no hay nada.
Inspiro delicadamente mientras cierro mis ojos, este encuentro rutinario ya debe parar,
así que acabo rápidamente lo que queda en mi taza, y espera, ¿Qué es lo que veo?...
Me quedo en silencio y mi respiración palidece.
Foto capturada aquella mañana.