Mi egoísmo me llevó a perderla sentí que me pertenecía que era mía, olvidé que ella necesitaba ternura en sus momentos de tristeza, necesitaba abrazos cuando se sentía con ira.
Olvidé el color de su mirada esa con la cual en su momento me desvanecía, fui olvidando su sonrisa, esa que me contagiaba en mis momentos de agonía.
Olvidé la ternura de su compañía dejándola sola, olvidé los momentos maravillosos de cuando la hacía mía.
Mi egoísmo de sentirme satisfecho sin importarme si ella era complacida en esas noches maravillosas dónde mi ego de hombre perfecto me llevó a perderla.
Ahora comprendo lo valiosa de su mirada, esa que me estremecía, su sonrisa que cautivaba mi alma y su compañía de tenerla a mi lado en todas las noches de mi vida.
Mi egoísmo me llevó a perderla, extraño sus besos tan ardientes, sus deseos en cada noche cuándo la hacía mía.
Sus manos acariciando mi piel en el acto de amor, sus cálidas palabras dónde me llevaban al abismo de esa pasión desbordada de estar entrelazados y arropados sólo con nuestra piel desnuda.
Mi cama está vacía sin el calor de su cuerpo junto al mío, sin esas caricias, ni las carcajadas, ni sus enojos dónde me hacían enfadar por ser empalagosa conmigo.
En mis noches silenciosas me perturba su recuerdo y es más grande mi agonía, el deseo de tenerla nuevamente en mis brazos y en mi vida.
No me queda vida para arrepentirme de haberla perdido y pedirle mil perdones.
Mi egoísmo me llevó a perderla y ahora mi cama está vacía sin sus caricias