Sí, hay un poco de desorden aquí dentro, lo puedes ver en mis ojos, en mis letras, y en mi cuarto, en los recuerdos difusos que se han perpetuado sin necesidad de fotografías”.
No soy el mismo, las mariposas volaron y se llevaron trozos de mi esencia, dejando rastros de oscuridad en mi alma, soplo de maldad que brilla en el silencio.
Sí, hay un poco de desorden en mi mente, en mi corazón, en mi vida, pero cada día me levanto, busco la escoba y trato de sacar todo el mugre, todo el polvo.
Aunque a veces las fuerzas no me acompañen y mi disposición a hacerlo sea renuente a aceptarlo y holgazanea como las abejas cuando el viento las arropa.
Sí, hay desorden, mi vida completa ha sido un caos, pero nadie se da cuenta, y eso en cierta parte me da paz, pero demasiado miedo a la vez, porque soy un extraño mezclado con personas que no tienen la mínima noción de mis excentricidades.
Sí, mi vida justo ahora es un desorden desde que te fuiste, ropa sucia por aquí, zapatos desgastados, y tacones llenos de polvo, dibujos viejos significativos de un pasado doloroso pero llevadero, hoy ni siquiera tengo ánimos de limpiar...
A veces creo que la vida terminó cuando me dijiste adiós y me mostraste que hay cosas peores después del dolor.
Sí, todo está hecho un desorden, pero cada día intento que así como arreglo el exterior de la casa, un día pueda levantarme y ya no solo limpiar mi habitación por partes, sino toda completa y se note, o al menos lo percibas si decides regresar.
Hay antorchas que necesitan oxígeno para mantenerse encendidas, la mía es adicta a las caricias de tus manos y al fuego de tu cuerpo.