Nos hemos hartado de hablar mal del aceite de palma y, sinceramente, no es para menos. Si en los últimos años se ha puesto de moda lo de los ‘superalimentos’, el aceite de palma viene a ser el archivillano de la alimentación: insano, ecológicamente devastador y sociolaboralmente muy cuestionable.
Y, sin embargo, en un giro espectacular de los acontecimientos, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha publicado un informe en el que alerta sobre el peligro que supondría su prohibición. La UINC no puede ser más clara: "cualquier otra, sería mucho peor"
La UICN presenta estas conclusiones tras analizar el impacto real del aceite de palma sobre la biodiversidad y estudiar con muchísimo detalle las distintas soluciones que existen a una amenaza que saben muy real. En el informe, deja claro que la producción de este aceite está afectando a la biodiversidad de forma descomunal: hasta 193 especies están comprometidas por ella (haciendo especial hincapié en los orangutanes, los gibones y los tigres).
Pero lo que viene es mucho peor. Ahora mismo, el cultivo industrializado de la palma aceitera se concentra en Malasia e Indonesia, pero está a punto de dar el salto hacia África y América. Es decir, de invadir toda la tierra fértil que hay entre los dos trópicos de la Tierra y eso no es una buena noticia.
En román paladino: los trópicos son las zonas del planeta con mayor biodiversidad y la llegada de las grandes explotaciones de palma aceitera podría ser catastrófico. Las áreas hacia las que se mueve esta planta albergan a más de la mitad de los mamíferos amenazados del mundo (54%) y casi dos tercios de las aves amenazadas (64%)